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Una nueva oportunidad

Una nueva oportunidad

Un intento por garantizar los recursos que el país necesita implica un diálogo que lleve a consensos

La decisión del presidente Iván Duque de retirar el proyecto de reforma tributaria fue el colofón de una semana marcada por la agitación social en Colombia con origen en el rechazo a dicha iniciativa, justo cuando el país atraviesa el duro tercer pico de contagios de la pandemia de covid-19.

Al escribirse estas líneas no es claro todavía el saldo que dejan cuatro días en los que, en paralelo con una notable movilización social de carácter pacífico, se registraron numerosos y condenables episodios de vandalismo y de violencia brutal. Duele la muerte a manos de vándalos del capitán de la Policía Jesús Alberto Solano en Soacha, así como impresiona la manera como perdió la vida el joven de 17 años Marcelo Agredo en Cali, por solo mencionar dos de muchos hechos traumáticos que tuvieron lugar en estos días.

Los desórdenes han dejado más de doscientos heridos, entre civiles y policías, y cuatro muertes confirmadas oficialmente, pues organizaciones como Human Rights Watch, así como otras ONG, aseguran que es mayor el número de víctimas mortales, al tiempo que han denunciado hechos de violencia sexual que tienen que esclarecerse. Es un balance doloroso para todos por igual: cuando la violencia se impone, el fracaso es denominador común, solo hay perdedores.

El presidente Duque tomó la decisión de retirar la reforma ante un panorama particularmente desafiante, quién lo duda. El aumento de 6,8 puntos porcentuales de la cifra de pobreza en tan solo un año conduce a la necesidad de mantener por más tiempo los programas de ayudas sociales puestos en marcha para contrarrestar los estragos de la pandemia. A lo anterior se suma la obligación de no poner en riesgo la sostenibilidad fiscal del país. Todos estos son factores que confluyen y obligan a los diferentes liderazgos a actuar con responsabilidad, sensatez y grandeza para llegar a consensos que hoy son, hay que decirlo con claridad, urgentes. Es momento de mirar hacia adelante, de convocar un diálogo del que surjan los acuerdos que se requieren como hoja de ruta para sortear vientos huracanados.

No queda más alternativa: lo peor que le puede pasar a Colombia en este momento es caer en el pantano
de la inacción

Tras lo ocurrido con el proyecto presentado por el Ejecutivo es necesario, en el nuevo camino por recorrer, tomar nota de los errores del anterior esfuerzo, entre los que sobresale el de haber emprendido tan empinado trecho sin haberse asegurado el capital político que este requería. Ahora el curso de los acontecimientos, a juzgar por las reacciones de los diferentes partidos, conduce a un escenario propicio para un diálogo franco, abierto y, reiteramos, incluyente, que involucre también a las fuerzas sociales en una tarea que sigue siendo inaplazable.

No queda más alternativa: lo peor que le puede pasar a Colombia en este momento es caer en el pantano de la inacción. Que todas las voces den a conocer sus propuestas, pensando en el país, y estas puedan cristalizarse en un nuevo proyecto, que es necesario. Hoy, más que nunca, quienes tienen en sus manos la construcción de la nueva iniciativa deben darle sentido con su proceder a aquel lugar común que invita a hacer de la crisis una oportunidad. Es el momento de la unidad.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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