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Una herida por sanar

Una herida por sanar

Es buena noticia conocer los pasos que se vienen dando para hallar a las personas desaparecidas.

Entre las muchas heridas que dejó el conflicto armado en Colombia, y que aún permanecen abiertas, la de las personas desaparecidas se cuenta entre las más sensibles, así como entre las más vergonzosas de cara al mundo.

Es que, según datos del Centro de Memoria Histórica, entre 1958 y 2016 se registraron en el país más de 80.000 casos de desaparición forzada. Son muchas, demasiadas, las familias sumidas en el dolor agudo, corrosivo y constante por no poder cerrar el duelo que trae la pérdida de un ser querido. Tragedia en estos casos agravada por la incertidumbre brutal de desconocer qué fue de su paradero, misterio por lo general acompañado de la certeza de que haya sido cual haya sido su suerte, esta tuvo un marco infernal. Una tremenda vivencia que, por desgracia, históricamente ha sido agravada con la sensación de desamparo e indiferencia del Estado, una segunda victimización que echa más sal en la herida.

Por eso es, en medio de la tragedia, una buena noticia conocer los pasos que viene dando la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, fruto del acuerdo de paz con las Farc. Recientemente se tuvo noticia de la firma de un pacto que traza una hoja de ruta para avanzar en esta inaplazable tarea en Antioquia, departamento que ha sido el más azotado por el flagelo, con más de 20.000 casos registrados en el marco temporal del conflicto armado.

Puede aplaudirse que este pacto deberá llevar a unificar esfuerzos, a comprometer a las diferentes entidades, a visibilizar y dignificar la labor de quienes desempeñan esta tarea, todo esto fundamental, quién lo duda.

Es, por cierto, muy difícil de comprender que sea necesario ponerse de acuerdo y plasmar en un documento algo que debería ser tan obvio como que esta labor merece de todo el respaldo posible.

Hay que resaltar el vínculo de confianza que se ha tejido entre la Unidad de Búsqueda y las organizaciones que por años han buscado a los desaparecidos

Pero lo que más hay que resaltar es el vínculo de confianza que se ha tejido entre la Unidad y las organizaciones que por años han buscado a los desaparecidos con enorme coraje y no poca y cruel incomprensión, incluso por parte de algunas entidades del mismo Estado. Así lo dejó claro Teresita Gaviria, de las Madres de la Candelaria, grupo de mujeres que desde hace 22 años se dedica a esta tarea, en declaraciones a este diario: “Hemos avanzado demasiado, primero en la construcción de la confianza. Cuando a nosotros nos pasó todo esto, la desaparición de nuestros familiares, no creíamos en nadie. El compromiso fue mucho, porque es el acompañamiento personal que nos ofrece la unidad, es lo que nosotras, de alguna manera, estamos necesitando; que entiendan esas voces que gritan”.

Esta confianza hay que cuidarla y blindarla, al tiempo que debe replicarse en los pactos que hacia el futuro se hagan en otras regiones. Y para que esto sea así, todos los involucrados en la tarea deben tener muy claro lo que aquí está en juego, y estar a la altura del compromiso que un pacto así supone.

Se trata de colaborar con voluntad, sentido de humanidad y, en suma, con todo lo que esté a su alcance para que sanen las heridas, y sobre el respeto a la dignidad de las víctimas se siga construyendo la paz estable y duradera que el país anhela.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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