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Una cita con la vida

Una cita con la vida

Es crucial para el país que la gente siga acudiendo masivamente a vacunarse.

Con más de 9 millones de personas vacunadas plenamente contra el covid-19 y unos rendimientos que han superado todas las metas propuestas, hay que reconocer sin ambages que el Plan Nacional de Vacunación (PNV) ha cumplido hasta ahora con su tarea y marca con optimismo la posibilidad de que antes de finalizar el año más de 35 millones de colombianos estén protegidos individualmente contra el virus y, de paso, atajar colectivamente el avance de la cruel pandemia que nos azota.

Que todos los mayores de 30 años –desde el viernes– puedan inmunizarse sin restricciones, que las mujeres embarazadas cuenten con una protección segura y que en los más de 1.000 municipios con menos de 100.000 habitantes las vacunas lleguen sin distingos a la totalidad de los pobladores, con el único requisito de que sean mayores de edad, son resultados palpables de este proceso, que nadie puede desconocer.

Por supuesto, hay que dejar claro que todo esto ha sido posible gracias a la suma de voluntades que –apartándose de intereses particulares– se han puesto las botas en favor del bienestar común. El Gobierno en pleno, el Congreso, los entes judiciales y de control, el sector privado, los medios y la comunidad han marcado el avance de estos desenlaces que –hay que insistir– aún están a medio camino y exigen, además de consolidación, refuerzos para que esta vital estantería no se derrumbe. Lo anterior en razón de los riesgos que acarrea el rechazo a las vacunas, que si bien no es mayoritario, tiene niveles ya preocupantes en todo el planeta.

Muestra de ello es que el Gobierno de Estados Unidos dijo la semana pasada que la totalidad de las muertes por covid-19 ocurridas en junio en dicho país se produjeron en personas no vacunadas y que los datos sugieren que la mayoría de los decesos por la pandemia durante el último semestre tuvieron las mismas características. El asunto es tan crítico que algunas autoridades sanitarias califican a las personas no vacunadas como potenciales fábricas de variantes del Sars-CoV-2, porque mientras más personas sean susceptibles de infectarse, más oportunidad tiene el virus de multiplicarse y generar mutaciones que favorecen el origen de formas más agresivas y mortales.

La preocupación es real hacia el futuro. Otros gobiernos como el francés han empezado a lanzar advertencias directas a quienes se niegan a vacunarse, además de promover medidas restrictivas de corte social, como prohibir su acceso a lugares públicos, para todos ellos. Eso, sin dejar de lado que la exigencia de ‘pasaportes sanitarios’ para ingresar a otros países deja de ser una opción y se abre paso para convertirse en norma. El panorama nacional –aunque aún no es dramático– emite señales que de pasarse por alto podrían poner a tambalear las estructuras del PNV y, a su vez, el anhelo colectivo de superar esta pandemia.

Si bien es válido el argumento de que la “percepción del riesgo” es proporcional a la edad, lo que justifica en parte que los jóvenes se muestren más esquivos, no deja de inquietar que después de 4 meses, el 20 por ciento de los mayores de 80 años no tengan sus esquemas completos y que, con los ajustes de rigor, una buena parte de los mayores de 50 años se encuentren en la misma condición, lo que en conjunto soporta el desenlace triste que da cuenta de que el 75 % de los muertos recientes por covid-19 en el país no estaban vacunados.

Inquieta que después de 4 meses, el 20 por ciento de los mayores de 80 años no tengan sus esquemas completos y que una buena parte de los mayores de 50 años se encuentren en la misma condición

Por tal razón, procurar que la gente acuda masivamente a los puestos de vacunación constituye un reto tan grande como lo ha sido el de conseguir la cantidad necesaria de biológicos para este fin. Es hora de identificar con juicio los factores que condicionan estas reticencias para que de la mano de expertos se diseñen estrategias con metas y responsables claros, a fin de evitar que los puestos de vacunación tengan que dejar de lado su tarea (que también merece reconocimiento) por falta de afluencia. En ese sentido, vale la pena destacar que el Gobierno no descarta aplicar medidas de restricción a ciertos eventos y actividades sociales a quienes no están vacunados, además de que ya trabaja en la implementación de un carné electrónico para quienes recibieron el biológico, tal como lo anuncia el Ministro de Salud en entrevista con este diario.

Están en juego la salud ciudadana y todo lo que de ella se desprende. Por eso es urgente desplegar toda la audacia para llevar a la práctica la pedagogía necesaria (pueblo a pueblo, barrio a barrio, calle a calle) en el afán de resolver interrogantes, remontar infundios, aclarar dudas y desbordar la desinformación que no pueden ser superiores al deber supremo de preservar la vida y el bienestar de todos. Lo anterior incluye que se ajusten los acuerdos de pago de la llamada canasta-covid para evitar que grietas en la logística y en los recursos sean más lastres en el plan. Por ninguna razón los trámites pueden volverse obstáculos para cumplir con lo pactado.

Lograr que la gente cumpla con la cita del bienestar y la vida debe ser un propósito común. Es una tarea que no da espera.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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