Un vil atentado

Un vil atentado

Ataque a Francia Márquez recuerda que urge derrotar a los generadores de violencia en las regiones.

Por: EDITORIAL 
07 de mayo 2019 , 07:08 p.m.

Este fin de semana, el país volvió a sacudirse por un nuevo ataque criminal contra uno de esos liderazgos que, a veces contra toda esperanza, siguen luchando para construir una mejor nación para todos.

Gracias a la valiente reacción de sus escoltas de la Unidad Nacional de Protección, Francia Márquez salió ilesa de un atentado en el que los delincuentes utilizaron granadas y armas largas. Lo cual demuestra la capacidad y la estructura de quienes están detrás de estos atentados, además de un poder de fuego que deja claro que no se trata de criminales de bajo perfil. Ella es una destacada líder de las comunidades afros del Pacífico cuya labor ha sido reconocida por la comunidad internacional. El sábado encabezaba una reunión en una vereda de Santander de Quilichao cuando ocurrió el ataque, cuya autoría aún no se confirma, aunque los indicios apuntan a las disidencias de las Farc que operan en el Cauca.

Este año, según estadísticas oficiales, van al menos 25 líderes sociales asesinados en Colombia. La Defensoría del Pueblo reporta unas 950 amenazados, y casos como el de Francia Márquez demuestran claramente que los violentos no cejan en sus intenciones criminales. Y aunque el Estado se ha esforzado por tratar de proteger a quienes exponen su vida en las regiones, es también un hecho que aún falta un largo trecho por recorrer para desactivar estructuralmente el acecho criminal a las vidas de los líderes.

La mejor protección
para los líderes y para sus comunidades es lograr que la legalidad no solo llegue, sino que se imponga.

Esa estrategia pasa por varios estadios. Por un lado, garantizar que la UNP tenga, como afortunadamente sucedió en este caso, todos los medios para cumplir con su obligación de defender la vida y la integridad de los líderes sociales y de los otros colombianos amenazados. También, realizar una tarea largamente aplazada: depurar realmente quién necesita y quién no una escolta y asignar los recursos que se liberen a los que realmente están en riesgo.

El Estado, como un todo, debe actuar también para identificar, procesar y poner tras las rejas a los que están encabezando esta mortal estratagema para tratar de defender su poder en aquellas zonas en las que la institucionalidad aún es precaria o simplemente no ha aparecido.

El margen de efectividad judicial en este campo, según la Fiscalía, llega al 50 por ciento, más de 20 puntos por encima de lo que pasa en las investigaciones por otros homicidios en el país. Pero siendo esto así, es también un hecho que hasta ahora en la mayoría de los casos se ha llegado hasta los autores materiales y muy pocas veces hasta los cerebros de los crímenes.

De fondo, la protección de los líderes, pero también de sus comunidades, depende de derrotar a los grandes generadores de violencia en las regiones. Mientras persistan el narcotráfico, la minería ilegal y otras rentas criminales millonarias, es un hecho que aquellos que se oponen al imperio de la criminalidad van a estar en la mira.

Para evitarlo se requiere la acción decidida de las instituciones. Pero también el apoyo de las comunidades y sus líderes, pues la mejor protección para todos es lograr que la legalidad no solo llegue, sino que se imponga.

editorial@eltiempo.com

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