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Un regreso y un ejemplo

Un regreso y un ejemplo

El regreso de Narváez es un ejemplo para seguir en términos de la disposición para servir.

Más de cuatro años permaneció cautiva la religiosa colombiana Gloria Cecilia Narváez, en manos de un grupo yihadista en Malí (África). Durante este tiempo, no solo su familia sino el país y varias naciones estuvieron pendientes de la suerte de la misionera. No se puede olvidar que esta nariñense, de 59 años, en demostración de generosidad, entrega y coherencia profunda con su vocación cristiana, decidió ofrecerse para irse con los captores que el día del plagio pretendían llevarse a integrantes más jóvenes de su comunidad, Hermanas Franciscanas de María Inmaculada.

Fue justamente su férrea voluntad de servir la que la llevó, no obstante los riesgos, primero a África, donde lleva a cabo su apostolado desde 2002, y luego a este país, donde la inestabilidad política y el acecho de grupos como el que la tuvo cautiva son pan de cada día. Y si bien tanto ella como las integrantes de su comunidad siempre dejaron en manos de Dios su suerte, esta también estuvo en manos de la Policía Nacional, que con el apoyo de sus pares de Francia y España nunca bajó la guardia en pos de lograr que recuperara la libertad. Varios oficiales del Gaula pasaron largas temporadas en Malí intentando recopilar información sobre el estado de Narváez y establecer contacto con sus captores. Hay que destacar y aplaudir el caso del capitán Víctor Salgado, quien, como lo relató a este diario, asumió como un asunto de honor personal este reto antes de pasar a retiro. Algo que ahora podrá hacer con la tranquilidad del deber cumplido.

Es importante conocer pronto más detalles de cómo se logró su liberación. Pero lo es más extraer de este episodio una enseñanza. Por eso son pertinentes las palabras del obispo de Pasto, Juan Carlos Cárdenas, con su llamado a alegrarnos por el regreso de Narváez, pero sobre todo invitando a que su historia sea ejemplo para seguir en términos de la disposición para servir, pues, como dijo, “no podemos estar nunca desconectados de la realidad de los hermanos que sufren”.

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