Un problema de todos

Un problema de todos

Las muertes por suicidio exigen una respuesta con políticas fuertes y metas claras.

Por: EDITORIAL 
10 de septiembre 2019 , 07:55 p.m.

Colombia debe ser más asertiva en políticas integrales para atajar los suicidios, un flagelo que por sus características genera incertidumbres que fluctúan entre la culpa y la apatía, en un intento casi de desconocer el problema.

Pero lo cierto es que estas víctimas silenciosas se materializan en cifras que exigen respuestas desde diferentes esquinas. Solo hasta julio de este año se reportaron 1.458 decesos de este tipo, con un aumento con respecto al mismo periodo anterior que el Instituto de Medicina Legal no duda en calificar de crítico.

El asunto se agrava al esculcar estos números y evidenciar que la mayoría de casos son personas jóvenes, principalmente hombres en plena etapa productiva, lo cual, además de problema de salud pública, lo categoriza en una dimensión social y económica importante.

Un país que se ufana de incluyente y equitativo debería revisar con lupa la cifra de seis personas que cada día optan por esta vía

No basta decir que esto es un problema global y que la Organización Mundial de la Salud (OMS) cuenta estos sucesos en centenares de miles cada año porque la tendencia creciente que este flagelo tiene en el país desde hace una década demuestra, sin atenuantes, la fragilidad del Estado para darle la cara como debe ser.

Para empezar, no obstante los anuncios y los avances, la cobertura del sistema de salud en el área de enfermedad mental relacionada con este drama apenas bordea el 10 por ciento de quienes potencialmente requieren atención, sin contar que al hablar de promoción y prevención, el actuar es prácticamente inexistente.

Y así parezca que se llueve sobre mojado, los vacíos son más grandes al revisar los determinantes sociales y ambientales que se alinean con estos desenlaces, como la pobreza, la inequidad, el maltrato, la violencia intrafamiliar, la soledad, el abandono, el desarraigo, la falta de oportunidades y el consumo de sustancias, que junto con otros factores terminan ensañándose con el potencial afectado.

Esto sin contar el abandono en el cual quedan los familiares de muchas de estas personas, que en medio de la culpa, los señalamientos y muchas preguntas sin resolver terminan cayendo en una espiral que incrementa las cifras de afectados mentales en Colombia.

De ahí que en el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, conmemorado ayer, no sobra insistir en que el país debe tomar en serio esta problemática, con políticas fuertes, metas claras, responsables definidos y un horizonte puesto en que la curva vergonzosa deje de crecer.

Y, aunque es solamente en el campo de la salud, la campaña lanzada por la Asociación Colombiana de Psiquiatría, en el contexto de la política de salud mental del Ministerio de Salud, es un buen paso que tendría que permear esas instancias sociales y económicas que siempre le han dado la espalda a la situación.

Un país que se ufana de incluyente y equitativo debería revisar con lupa la cifra de seis personas que cada día optan por esta vía, muchas de ellas desesperanzadas frente a condiciones que hubieran podido ser favorables.

Es un problema que a todos nos debería importar.

editorial@eltiempo.com

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