Un mensaje contundente

Un mensaje contundente

No se logró el umbral, pero los resultados de la consulta son una expresión ciudadana histórica.

Por: Editorial
26 de agosto 2018 , 11:15 p.m.

En un ambiente tranquilo, se cumplió ayer la consulta anticorrupción. Que estas convocatorias se logren hacer en calma y en plena libertad es ya una de las primeras ganancias para la democracia.

Es verdad que no se alcanzó a sobrepasar el umbral: una vara alta que estaba en 12’140.000 sufragios y no era fácil. No hubo debates ni proselitismo amplio, pero, en cambio, sí un sentimiento general contra una plaga que se devora los dineros de todos, y esto se convirtió en una sorprendente avalancha de votos.

Por eso, lo alcanzado, 11’664.973 votos, escrutado el 99,82 por ciento, con el 99 por ciento por el sí, constituye una expresión ciudadana histórica: no puede echarse en saco roto que esta movilización se dio completamente al margen de las mal llamadas maquinarias.

Semejante pronunciamiento popular debe tenerse en cuenta en todos los escenarios de la vida nacional. Porque uno de los propósitos de esta jornada era una manifestación de repudio, un ‘alto ahí’ a quienes sistemáticamente se vienen apropiando de los dineros públicos.

Puede que ningún punto haya alcanzado la cifra establecida, pero algo debe quedar claro: que todos hayan estado tan cerca constituye un mensaje evidente y contundente a los legisladores, lo más parecido a un mandato popular. Los actuales senadores y representantes deben sentirse con la obligación de tramitar iniciativas en la línea de las preguntas que mayor respaldo lograron, como la que obligaría a los congresistas a rendir cuentas sobre su asistencia y desempeño, o la que pretendía eliminar los regímenes de reclusión especiales para los condenados por corrupción y les impide volver a contratar con el Estado.

Los senadores y representantes deben sentirse con la obligación de tramitar iniciativas en la línea de las preguntas que lograron mayor respaldo.

El mensaje categórico está dado. Y han de entenderlo, desde luego, los pícaros, pues el dedo acusador del pueblo está apuntando hacia ellos, y, además, tienen que aprovecharlo quienes manejan los destinos del país para redoblar esfuerzos. Reiteramos que el primero en la lista es el Congreso, que debe escuchar hoy la voz del pueblo.

Es un llamado de pasar de la acción a la reacción, en todo nivel, pues, como lo dijo el presidente Duque ayer: “Contra la corrupción tenemos que estar unidos todos los colombianos. (...). Es el compromiso de todo un país, y todos los esfuerzos suman”.

El de ayer fue, pues, uno extraordinario. Y suma en el sentido de que es una semilla en la conciencia general y tiene que germinar en el mismo ciudadano para que se atreva a denunciar a quienes practican estas detestables prácticas. La gran votación fue en parte un compromiso para ello, ya que el vecino corrupto podría estar metiendo la mano al bolsillo ajeno, mientras muchos callan.

Y, más allá de leyes, hay que confiar también en que desde la educación y el hogar se fomente la ética: la capacidad para ponerse en los zapatos del otro, para respetar el bien ajeno, para asumir de manera integral que no estamos solos en nuestro paso por este planeta, que todas nuestras acciones repercuten en los otros, sobre todo las negativas. Si esto se cumple, habría ganado Colombia.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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