Un hecho político

Un hecho político

Lo mejor para Colombia es que hoy sea masiva la participación ciudadana.

Por: Editorial
25 de agosto 2018 , 11:13 p.m.

Vale la pena decirlo sin ambages: a través del mecanismo de participación de la consulta popular, los colombianos tienen hoy la oportunidad de hacer uso de una herramienta de la democracia para concretar un creciente sentimiento de inconformidad. Se trata del rechazo unánime y robusto que la mayoría de los compatriotas sienten hacia las prácticas corruptas por las cuales billonarias sumas, destinadas a mejorar el bienestar de las personas y sembrar el progreso, van a parar a los bolsillos de los delincuentes.

Podrá decirse que corrupción siempre ha habido, que basta un repaso a las últimas décadas en la historia del país para encontrar una triste antología de escándalos diversos cuyo factor común es el desvío a arcas privadas de dineros pertenecientes a todos, y que bastó lograr la paz con las Farc para que emergiera como un problema que antes permaneció relegado. Así mismo, podría añadirse que los lugares comunes del ‘serrucho’ y la ‘tajada’, como la sabiduría popular ha identificado prácticas cotidianas de venalidad, han estado presentes de tiempo atrás.

Sin embargo, es verdad también –y es una buena noticia en medio de un panorama a veces tan desolador– que se ha consolidado en Colombia una ciudadanía con acceso a educación de mejor calidad y que, gracias a la tecnología, ha tenido contacto con otras realidades similares en el mundo. Esta masa crítica que antes o no existía o no contaba con los medios y espacios para hacerse sentir, de nuevo gracias a los desarrollos en las comunicaciones, ahora se muestra dispuesta a ponerle un tatequieto a la corrupción para que las siguientes generaciones puedan referirse a esta en pasado y no como una eterna, dolorosa e inevitable condena. Es entonces válida, loable –e incluso puede calificarse de necesaria– esta iniciativa, que se hizo realidad después de que sus promotores y promotoras reunieron más de 4 millones de firmas en todo el país. Este hecho no puede pasarse por alto.

Como lo comentábamos el domingo pasado en este mismo espacio, frente a un desafío de tal calado se debe tener claro que no existe una única solución, que no hay una fórmula secreta que una vez se le aplique a un paciente en cuidados intensivos garantice su sanación inmediata. El camino es largo y conlleva múltiples reformas en diferentes campos, incluido el de la justicia, y debe recorrerse a la par en el ámbito público y el privado. Es un esfuerzo monumental que tiene que ver, sobre todo, con el “autocontrol endógeno” en las “entrañas de las personas” al que se refiere la investigación de la Universidad Externado de Colombia que estudió a fondo el fenómeno y dio pie a la nota editorial de hace una semana.

Frente a un desafío de tal calado, hay que tener claro que no hay una única solución, que no existe una fórmula secreta que una vez se le aplique al paciente garantice su sanación inmediata

Pero, por más largo que sea el trecho, es indispensable dar los primeros pasos. Y es aquí donde hay que decir que la cita de hoy en las urnas surge como una oportunidad para comenzar con pie derecho, en un momento en el que el tema está en boga. Ello ocurriría si la afluencia a los puestos de votación es masiva.

Este último es el principal reto. Se trata de que hoy se produzca un hecho político contundente, resultado de una votación en gran número. Dicho esto, lo procedente es invitar a los colombianos a que, luego de un análisis cuidadoso de cada uno de los siete puntos, tomen su decisión en la urna.

Es válido, desde luego, no avalar todos los puntos. Es posible que algunos consideren, por ejemplo, que no conviene disminuir el salario de los congresistas, como lo plantea la primera pregunta. Y es que cada uno de los interrogantes encarna una complejidad aparte: es verdad, eso sí, que la mayoría de ellos recogen propuestas que han fracasado hasta ocho veces cuando han sido presentadas como proyectos de ley. Es de cara a estos casos como la figura de la consulta y el mandato que esta supondría adquieren pleno significado: el Congreso estaría obligado a atender lo dispuesto por el constituyente primario.

Hay que reiterarlo: lo mejor para el país es que hoy suceda el ya referido hecho político contundente, fruto de una movilización masiva a las urnas para expresar repudio firme a la corrupción. Una voz colectiva que se exprese de manera categórica tendría consecuencias prácticas y obligaría a los dirigentes a entender que este es un ‘¡basta ya!’.

De allí la suma importancia de comprender que hay que hacerse presente en las urnas. Si la participación es numerosa, podría decirse que se dio un paso inicial muy firme. Los siguientes tendrían entonces que venir: en el Congreso, seguramente, pero también en las demás ramas del poder y, sobre todo, en la cotidianidad de cada colombiano, en el seno de cada familia, dentro de cada aula.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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