Un deshonroso lugar

Un deshonroso lugar

Que Colombia ocupe el quinto puesto en muertes por arma de fuego debe llevar a que se tomen acciones

Por: EDITORIAL 
13 de febrero 2019 , 07:48 p.m.

El hecho de que Colombia esté en el quinto lugar a nivel mundial en muertes por arma de fuego, según un estudio recién publicado por The Journal of the American Medical Association (Jama), es un dato muy desalentador, mucho más cuando se ve con optimismo el descenso del número de homicidios, que hoy lo ubica en el puesto 16 en el planeta.

Como lo señala la prestigiosa revista –que tomó como base datos del 2016, provenientes de al menos nueve fuentes de información locales y analizados por el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud (Ihme) de la Universidad de Washington–, este tipo de violencia se convierte de tajo en un problema de salud pública que ninguna autoridad puede desconocer.

De hecho, el análisis demostró que las 256.000 víctimas en el mundo por esta causa en dicho período se convierten, de lejos, en el principal factor de pérdidas de años de vida saludable en razón de que la mayoría son hombres jóvenes, en plena capacidad productiva, con el agravante de que todos estos decesos se hubieran podido prevenir.

Vale aclarar que no todas estas muertes son homicidios, porque solo el 64 por ciento de ellas caen en este espectro, y que un preocupante 27 por ciento corresponde a suicidios y el 9 por ciento, a eventos accidentales.

Colombia, por su parte, le aportó a esta lamentable estadística 13.300 muertes, en un escalafón liderado por Brasil, con 43.000 fallecidos, seguido por Estados Unidos (37.200), India (26.500) y México (15.400).

Si bien después están Venezuela, Filipinas, Guatemala, Rusia y Afganistán, lo cierto es que la mitad del total de los fallecimientos en el mundo por esta causa los aportaron los seis países de América Latina del anterior listado. Un deshonroso grupo al cual nadie quisiera pertenecer.

Pero la alerta mayor, también destacada por el estudio, es que la tasa de homicidios por arma de fuego se estancó en el mundo desde 1990 y que además hoy supera las provocadas por conflictos armados y terrorismo en el mismo lapso, con excepción de 1994, cuando ocurrió el genocidio de Ruanda.

Y en el contexto de la salud pública, el panorama es absolutamente desalentador si se tiene en cuenta que el mismo Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) ubicó en el 2018 las muertes por esta causa en el máximo histórico en los últimos 40 años, lo que impacta de manera significativa en todos los sistemas sanitarios del mundo.

Para Colombia, este es un campanazo de alerta justo cuando se debaten modificaciones de la tenencia de armas de fuego por civiles y la comunidad se escandaliza ante el conteo absurdo de víctimas de las balas perdidas, que este año ya suman 19 y en el 2018 sobrepasaron las 100, sin que existan medidas claras para frenarlas.

Es una realidad en la que las malas decisiones, las equivocaciones, la laxitud, la falta de autoridad y la impunidad se reflejan en muertes absurdas, evitables con acciones decididas de todos los sectores y en las que este tipo de informes deberían ser la base para un riguroso análisis que identifique los determinantes de estos vergonzosos números y proyecte acciones concretas para atacarlos. Esto es responsabilidad de todos.

editorial@eltiempo.com

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