Un balance aceptable

Un balance aceptable

El crecimiento de la economía colombiana en 2018 confirma que hay una reactivación en marcha.

Por: EDITORIAL 
28 de febrero 2019 , 07:54 p.m.

Esta vez, los expertos no se equivocaron. Tal como lo venían señalando los pronósticos, el Dane confirmó ayer que la economía colombiana tuvo un crecimiento de 2,7 por ciento el año pasado, cifra que duplica el ritmo observado en 2017. De nuevo nos ubicamos por encima del promedio latinoamericano, que también subió de manera significativa.

Aunque –mirado en un contexto histórico– el dato no da para hacer ferias y fiestas, ratifica que en el país hay una reactivación en marcha. Con excepción de las actividades extractivas, todas las demás registraron números en negro, lo cual contrasta con la medición anual previa, que mostró cuatro sectores en rojo.

La tendencia al alza observada explica por qué para 2019, las apuestas son más elevadas y hablan de superar con cierta holgura el nivel simbólico del 3 por ciento. Ojalá sea así, pues la realidad del mercado laboral dista de ser la mejor, según se desprende del índice de desempleo en enero, que llegó a 12,8 por ciento a nivel nacional.

De vuelta a lo ocurrido, el mensaje central es que la mejoría es atribuible al comportamiento de tres categorías relacionadas con el consumo interno y que explican dos terceras partes del avance: administración pública, comercio y actividades profesionales. Tanto el gasto público como la demanda de los hogares experimentaron un buen desempeño, y a ello se suman elementos puntuales, entre los cuales se destaca el turismo, nacional y extranjero.

Otros renglones ameritan una mención. La agricultura se desaceleró, hecho en el que el café tuvo una cuota de responsabilidad. Las cosas para el campo habrían salido peor de no ser por la ganadería y, especialmente, por la pesca, en particular la de cultivo.

A su vez, la industria arrancó con el pie izquierdo y después dio la impresión de haber encontrado un paso firme. Lamentablemente, entre octubre y diciembre volvió a ralentizarse, lo cual abre viejos interrogantes con respecto a la competitividad fabril y la posibilidad de ser más eficientes.

Mención aparte merece la construcción, una gran generadora de mano de obra. En este caso, lo destacable es que el sector vino de menos a más, pues tras un primer semestre en negativo, en el segundo llegó la recuperación. De tal manera, el ramo edificador cerró el año bien, al igual que los principales proyectos de carreteras y las obras locales.

Si bien la minería da lugar a sentimientos encontrados en la opinión, no se puede desconocer su importancia económica. Aquí tuvieron lugar un pequeño pero bienvenido avance en la extracción de petróleo y una sorpresiva descolgada del carbón que merece un examen más detallado.

En conclusión, bien puede afirmarse que 2018 dejó un sabor más dulce que amargo con respecto al crecimiento. Ahora, el reto es conseguir que la progresión observada continúe su marcha y el producto interno bruto avance a una mayor velocidad, tanto en este como en los años que vienen.

Ello obliga a que las políticas gubernamentales sean responsables, comenzando por mantener la casa en orden desde el punto de vista fiscal. Si ello es así, habría razones de fondo para esperar que la economía se desempeñe mejor en el futuro cercano.

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