Un abordaje integral

Un abordaje integral

Los necesarios esfuerzos para combatir el microtráfico deben formar parte de una política pública. 

05 de septiembre 2018 , 12:00 a.m.

Uno de los grandes desafíos que afronta hoy el país es el del aumento del consumo interno de drogas, problema atado al del auge de las redes criminales dedicadas al narcotráfico.

Es un hecho que son cada vez más frecuentes los reclamos de padres de familia y ciudadanos en general sobre la presencia de vendedores de sustancias ilegales en zonas frecuentadas por jóvenes. Es un asunto real, tal y como lo confirman los resultados de la operación liderada por la Fiscalía esta semana y que terminó en la captura de 162 expendedores. Al tiempo, la Policía también ha planteado que su acción se ve limitada, toda vez que, al ser requeridas, estas personas argumentan que se trata de su dosis personal.

Debido a lo anterior, el decreto propuesto por el presidente Iván Duque a los colombianos –que, según sus palabras, pretende reglamentar un artículo del Código de Policía y facultaría a las autoridades para decomisar cualquier cantidad de estas sustancias– ha tenido acogida en muchos sectores, y en los próximos días será materia de amplio debate.

Pero lo popular de la medida no oculta los riesgos que esta arrastra. Tampoco, que está todavía lejos de ser una solución real y de fondo para el problema. Hay dudas acerca de si esta no contradice la jurisprudencia de la Corte Constitucional al respecto y cuestionamientos en cuanto a si resultará concentrando la acción estatal sobre los eslabones más débiles de la cadena.

Es necesario combatir el microtráfico, pero como parte de una política pública robusta que apunte a las causas del consumo abusivo de drogas.

No se puede pasar por alto cada vez que se alude a este tema que el consumo abusivo de drogas está relacionado de manera directa con enfermedades mentales, a tal punto que en el país, esta situación es un problema de salud pública.

Al tenor de la evidencia científica, se ha demostrado que quienes sufren trastornos emocionales o las personas a las que les han diagnosticado enfermedades presentan más probabilidades de tener problemas con las drogas.

La discusión acerca de la conveniencia de la norma en cuestión es bienvenida, pero, a la par, urge develar las graves falencias que padece el sistema sanitario nacional en este campo. Estas dejan inferir que la cobertura para estas dolencias no llega ni al 10 por ciento en cuanto a tratamientos y que en aspectos de prevención, con las excepciones de rigor, es prácticamente inexistente.

No sobra enfatizar que las enfermedades mentales se disparan por factores de corte social como el abandono, el desarraigo, la violencia intrafamiliar, la falta de oportunidades y las presiones de grupo. Sobre todo en edades en las que el proceso de desarrollo de la personalidad convoca a vivir nuevas experiencias y a la rebeldía. Actitudes que acaban imponiéndose en entornos desfavorables, que pueden existir en todos los estratos. Desde la primera infancia deben identificarse señales que indiquen riesgo de consumo.

En suma, el llamado es, una vez más, a un abordaje integral. Los necesarios esfuerzos que se hagan para combatir el microtráfico y la criminalidad ligada a este deben formar parte de una política pública que incluya también pasos certeros en la ruta de la prevención, el diagnóstico temprano y el tratamiento adecuado.

editorial@eltiempo.com

MÁS EDITORIALES

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.