Tristeza embera

Tristeza embera

El incendio de uno de sus hogares muestra las precarias condiciones de vida de esta etnia en Bogotá.

04 de octubre 2018 , 12:00 a.m.

A las difíciles condiciones que afronta la comunidad indígena de los emberas en Bogotá se acaba de sumar la tragedia: el incendio del hogar en el que habitaban varias familias de esta etnia, en el centro de la capital.

El hecho, que dejó alrededor de 200 personas afectadas, se produjo pocas semanas después de que este diario divulgó las precarias condiciones en que se encuentran estos habitantes, pues la gran mayoría –desplazados por el conflicto y la pobreza– ha tenido que hacinarse en los llamados ‘pagadiarios’ de sectores como San Bernardo, Las Cruces o La Favorita.

Desde hace casi un año, las autoridades, en cabeza de la Alta Consejería para los Derechos de las Víctimas, la Paz y la Reconciliación, habían caracterizado más de 600 miembros de esta comunidad, y la Secretaría de Gobierno ha prestado la atención que se requiere para ellos. Sin embargo, ese número se eleva a casi 1.000 si se incluyen comunidades de katíos y chamís que también deambulan por las calles de la capital en busca del sustento para sus familias, en la mayoría de los casos mediante la mendicidad.

Lo sucedido es una nueva voz de alerta para que desde el Gobierno Nacional y la Alcaldía se siga trabajando en estrategias que permitan el retorno de los indígenas a sus sitios de origen.

Lo sucedido es una nueva voz de alerta para que desde el Gobierno Nacional y la Alcaldía se siga trabajando en estrategias que permitan el retorno de los indígenas a sus sitios de origen, en lugar de que sigan expuestos a la indiferencia que ofrecen para ellos los centros urbanos. Hace poco, 121 familias emberas (unas 200 personas) retornaron de forma voluntaria a sus resguardos en Pueblo Rico y Mistrató, Risaralda. En el grupo había personas adultas y bebés.

Es un proceso que demanda tiempo y esfuerzo, pero necesario siempre y cuando vaya acompañado del compromiso de brindarles a los indígenas que abandonan los entornos urbanos seguridad y condiciones dignas de vida en su propio terruño. De lo contrario, como ocurre con cualquier población vulnerable, la ciudad seguirá siendo el recurso extremo para sobrevivir.

editorial@eltiempo.com

Incendio embera

Cerca de 50 familias residían en estas casas coloniales de dos pisos.

Foto:

César Melgarejo. El Tiempo

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