Tras la renuncia

Tras la renuncia

El nuevo ministro deberá hacer ajustes críticos y enfrentar el reclutamiento forzado.

Por: Editorial
09 de noviembre 2019 , 09:04 p.m.

Luego de la tormenta política de esta semana, corresponde mirar hacia adelante. Ejercicio que debe hacerse a partir de lo que dejó el debate que condujo a la renuncia del ministro de Defensa, Guillermo Botero. Surgen así retos que debe enfrentar el país, tarea en la cual tendrá un rol protagónico quien sea elegido para suceder a Botero.

Encabezando la lista figura uno que es en el que menos juego tendrá el nuevo ministro. Se trata del reacomodo de las bancadas en el Congreso, con los partidos que se han declarado independientes –Liberal y Cambio Radical– marcando considerable distancia del Ejecutivo, tal y como quedó claro el miércoles. Ese día, los senadores promotores de la moción consiguieron, gracias al respaldo de estas dos colectividades, reunir los apoyos suficientes para lograr la salida de Botero.

El presidente Iván Duque, que ha apostado con coraje y acierto a una relación con el Legislativo en términos inéditos, es decir, sin ‘mermelada’, deberá hallar un camino que le permita que iniciativas tan urgentes como la ley de financiamiento sean aprobadas sin que esto signifique renunciar a una de sus principales banderas.

Luego vienen aquellos desafíos directamente ligados a las responsabilidades del jefe de la cartera de Defensa. Como ya lo mencionamos en estos renglones el jueves pasado, lo expuesto por los parlamentarios respecto a la situación que hoy viven varias regiones es real y merece la mayor atención. Es toda la problemática que arrastran las economías ilegales, como el narcotráfico, la minería ilegal, el contrabando y el acaparamiento indebido de tierras ligado a la deforestación. Estas nutren el crimen organizado, en el que pelechan las disidencias de las Farc, el Eln y las restantes bandas criminales. Todo lo anterior sin pasar por alto preocupantes cifras en materia de seguridad urbana ni las muy graves amenazas que se ciernen sobre los excombatientes de las Farc –63 han sido asesinados este año– y los líderes sociales.

Tener claro que ganar los corazones es tan importante como alcanzar el control militar de los territorios en la mira de los grupos ilegales es un requisito ‘sine qua non’ para reemplazo de mindefensa

Enemigos tan peligrosos elevan al máximo el rasero que mide la coordinación y efectividad de las instituciones responsables de contenerlos y desmantelarlos, comenzando por la Fuerza Pública. Esta tiene la obligación de mantener a raya a los delincuentes, al tiempo que se refuerzan y construyen –en los casos en los que así lo exigen las circunstancias– relaciones de confianza y respeto mutuo con la ciudadanía.

Para ello, como ya lo afirmamos, es necesaria a estas alturas una revisión de todos los protocolos operativos, y urge efectuar los ajustes requeridos en la forma como se está llevando del papel a la realidad la robusta política de seguridad y defensa presentada hace unos meses por el Gobierno. Estas dos son, sin duda, las tareas con carácter más urgente para el nuevo ministro, pues de ellas depende que todos los demás frentes se atiendan de manera estructurada y armónica, sin ‘agujeros negros’ en lo concerniente al flujo de la información a través de los conductos regulares.

Es necesaria esta reingeniería, si cabe el término, pues la lucha contra la criminalidad se hace cada vez más compleja. Se debe tener presente que lo sucedido esta semana con la revelación de los detalles del bombardeo contra el campamento de alias Gildardo Cucho en San Vicente del Caguán, en el que murieron ocho menores de edad, muy seguramente tendrá un impacto en el modo de actuar de los grupos armados ilegales que hará más arduo enfrentarlos.

Expertos vaticinan un aumento del reclutamiento forzado de menores –práctica execrable– con el fin de utilizarlos como escudos humanos. Frente a esta horrible conducta, hay que ser muy claros en que la responsabilidad recae por completo en los reclutadores. Que no quepa duda. En otra esfera se ubican las discusiones acerca de hasta qué punto la inteligencia militar podría haber obrado de otra forma para evitar una tragedia como la de marras y la de cómo comunicar un acontecimiento así de trágico.

Es evidente que en este frente, todos los esfuerzos deben dirigirse a la prevención. Y estos solo podrían ser efectivos si se apalancan en una presencia integral del Estado en los territorios donde existe riesgo de reclutamiento forzado. Programas como ‘Mi futuro es hoy’ –pensado para prevenir este delito, y que en su fase inicial demostró buenos indicadores de éxito– merecen un nuevo empujón.

Esto que planteamos recuerda que en materia de seguridad, los esfuerzos en el plano judicial, militar y policial tienen que estar acompañados de acciones en el campo social. Solo así se logra librar a los niños y a las niñas, y a sus padres, del riesgo de ver sus sueños triturados por esa máquina de muerte que son las mafias del crimen organizado.

En suma, tener claro que ganar los corazones es tan importante como alcanzar el control militar de los territorios es un requisito sine qua non para el segundo ministro de Defensa del actual gobierno.

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​editorial@eltiempo.com

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