Tormenta ecuatoriana

Tormenta ecuatoriana

Tras una década de calma, Ecuador vuelve a vivir días de intensa agitación social.

Por: EDITORIAL 
08 de octubre 2019 , 07:22 p.m.

Los días de intensa agitación social que vivió Ecuador a finales del siglo pasado y a comienzos del actual son un recuerdo que revive por estos días. La inestabilidad política fue la norma en aquella época, al punto de que el Palacio de Carondelet tuvo ocho inquilinos en nueve años. Las calles de Quito fueron testigo de nutridas movilizaciones populares con un fuerte componente de los pueblos indígenas, tal y como las que en este momento se llevan a cabo.

Transcurren nutridas, y a veces violentas, marchas callejeras, motivadas fundamentalmente por la decisión del gobierno de Lenín Moreno de acabar con los subsidios estatales a los combustibles y que han puesto en jaque a su gobierno.
Moreno, además de decretar el estado de excepción, decidió, a comienzos de esta semana, trasladarse a Guayaquil junto con su equipo, en una determinación que puede explicarse desde la preocupación por la seguridad del mandatario, pero que no deja de enviar un mensaje tan certero como preocupante sobre el clima de tensión e inestabilidad que vive el país. Los manifestantes, más de 10.000, consiguieron ayer llegar e instalarse por unos momentos en la sede del Poder Legislativo en Quito, tras romper el cerco policial.

Ojalá se impongan las vías del diálogo y la concertación, que tarde o temprano deberán llegar, dado el tamaño de los retos

La decisión presidencial, que ha generado tanta inconformidad, se ubica en el contexto de la difícil situación que atraviesa la economía de esta nación, dolarizada desde el año 2000 y marcada por una deuda pública que se duplicó en la última década, hasta llegar a comienzos de este año a superar el 40 por ciento del PIB, límite señalado por la ley.

Se trata de una medida que, como es lógico, golpea con fuerza el bolsillo de los ecuatorianos. Un apretón que analistas y autoridades veían inevitable, sobre todo desde marzo, cuando el Fondo Monetario Internacional le otorgó a Quito un crédito por 4.200 millones de dólares a cambio de reformas estructurales que redujeran el gasto público. Fuera por esta vía o por la de nuevos impuestos, la ciudadanía iba a sentir el apretón. “Las autoridades ecuatorianas están implementando un amplio programa de reformas con el objetivo de modernizar la economía y allanar el camino para un crecimiento sólido, sostenido y equitativo”, afirmó la entonces gerente del Fondo, Christine Lagarde.

Moreno cuenta con el apoyo de las Fuerzas Armadas y es, a la vez, objeto de constantes ataques de su antecesor Rafael Correa, hoy en líos con la justicia. En respuesta a las críticas de Correa, Moreno lo ha señalado, junto con un puñado de políticos leales a él, de haber viajado a Venezuela para desde allí orquestar y dirigir la ola de protestas. No presentó pruebas de dichas acusaciones.

Al escribirse estas líneas, la situación seguía siendo muy tensa, principalmente en las calles de Quito. Lo que está en juego no es poca cosa, y aunque por el momento Moreno parece fuerte, que haya decidido despachar desde Guayaquil al menos deja claro que está ante el mayor desafío de sus dos años y medio de gobierno. Ojalá se impongan las vías del diálogo y la concertación, que tarde o temprano deberán llegar, pues el tamaño de los retos que les esperan al país vecino y su economía así lo obligan.

editorial@eltiempo.com

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