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Todo por los libros

Todo por los libros

La Feria del Libro es una muestra de ingenio, coraje y buen momento de la industria editorial.

Si algún evento cultural marcó la pauta el año pasado aquí en Colombia, este fue, sin duda, la Feria Internacional del Libro de Bogotá. En pleno comienzo de la pandemia en el país, cuando las cuarentenas exacerbaban las incertidumbres y las industrias empezaban a acusar recibo de los cierres, la llamada Filbo respondió a un revés inédito con una programación digital llena de conversaciones estimulantes y de acciones originales alrededor del amor por la lectura: en otras palabras, la Filbo del año pasado asumió la crisis como una oportunidad para llegarles a más y más lectores adentro y afuera del país, y fue un ejemplo de ingenio y coraje.

Este año, tanto la Cámara del Libro como Corferias tomaron la decisión de aplazar la Feria para agosto, con la esperanza de que, en medio de distanciamientos y de tapabocas, pudieran hacerse algunos eventos presenciales. Así será. Hay programados varios encuentros de autores con lectores en los salones de la llamada nueva normalidad. Pero, valiéndose de la buena experiencia del azaroso 2020, hay también una serie de charlas virtuales entre algunas de las voces más relevantes de la industria del libro de estos años: no solo podrán verse las presentaciones de las grandes plumas del país invitado, Suecia, sino las de voces tan notables como las de Irene Vallejo, Chimamanda Ngozi Adichie y Arturo Pérez-Reverte.

Sobra decir que la vida no ha sido nada fácil para las ferias ni los festivales literarios ni las editoriales –que han tenido que revisar los planes y vivir en estado de alerta para seguir adelante– en estos dos últimos años.

Valga recordar, también, el temple con el que las librerías han encarado los peores momentos desde marzo de 2020 hasta hoy: ninguna cerró, en medio de semejante panorama, a fuerza de fortalecer sus marcas en las redes, sus canales de venta y sus prestigios como prescriptores de lecturas perfectas, precisas, para cada lector.

La gente, replegada
por el virus, redescubrió la importancia de la lectura: los alivios y los hallazgos que se dan mientras se lee

Ha sido gracias a los amantes de los libros, sin embargo, como la industria editorial no solo no se ha hundido, sino que ha crecido como pocas, vigorosa y combativa, en este par de años.

Simplemente, la gente, replegada por el virus, redescubrió la importancia de la lectura: los alivios y los hallazgos que se dan mientras se lee. Crecieron las librerías virtuales. Crecieron las ventas. Y de paso se recordó que tanto los festivales como las ferias son vitrinas enormes y necesarias, escenarios para las ceremonias de las ideas, pero que hoy, cuando tantos autores están al alcance de la mano en las redes sociales, el encuentro principal es el que se da entre los libros y sus lectores.

Resulta maravilloso, en cualquier caso, que la Filbo siga adaptándose a los tiempos que corren con esta programación virtual y presencial que arriesga, pues no repite exitosas fórmulas del pasado, y con una plataforma que hace posible que los lectores compren las novedades y los clásicos que sean presentados: a fin de cuentas, todo lo que se haga por los libros se hace por la convivencia. Y estos eventos, culturales e industriales a la vez, son muestras de esperanza que reconcilian.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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