Terror en Nicaragua

Terror en Nicaragua

No puede seguir un doloroso conflicto que en cien días ha costado la vida de más de 300 personas.

29 de julio 2018 , 11:38 p.m.

El pueblo hermano de Nicaragua no ha tenido un transcurrir tranquilo en las últimas seis décadas de su historia. Más bien ha sufrido azotes, tanto de la naturaleza como de sus políticos de turno.

Recordemos que en 1972 tuvo un diciembre de los más tristes y dolorosos que se recuerden, cuando un terremoto devastó Managua, su capital, y dejó cerca de 20.000 muertos y miles de heridos. Recuperarse de estos estragos para una nación en vías de desarrollo es difícil. Y más al estar bajo una larga tiranía del dictador Anastasio Somoza y su familia. Este, inclusive, fue acusado de apropiarse de las ayudas enviadas por las distintas naciones.

Después de una dictadura sanguinaria contra su propio pueblo, Somoza, lleno de riqueza, tuvo que dimitir, presionado por la comunidad internacional y el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Luego de salir del país, fue asesinado en Asunción del Paraguay en septiembre de 1980.

Pocos años duraron la fiesta y los que parecían ser los albores de una democracia, pues la cura está resultando similar a la enfermedad, en cabeza de uno de los guerrilleros, Daniel Ortega, quien ayudó a derrocar al tirano y ejerció la presidencia entre 1979 y 1990, primero, y ahora lleva ya otros once años atornillado al poder.

Es un triste desencanto y un atropello para una nación que está viendo cómo, desde el pasado 19 de abril, cuando Ortega presentó una reforma pensional que sacó a la gente a la calle, en cien largos días, más de 300 personas han sido asesinadas por los paramilitares y policías al servicio del régimen. La reforma fue la gota que rebosó la copa y unió a empresarios y trabajadores, pero el pueblo ya venía cansado del autoritarismo del Gobierno, la falta de libertades y la caída de la economía.

Queda acudir a los organismos internacionales. Los países democráticos deben seguir con la presión. El pueblo nica nos necesita a todos

La situación expuesta en la entrevista de ayer en este diario al sacerdote Erick Alvarado, vicario de la parroquia Divina Misericordia en Managua, es apenas una muestra de la barbarie tenebrosa. Tuvo que albergar a 150 estudiantes que huían de las fuerzas del Gobierno, y su templo fue baleado toda la noche; uno de ellos murió sobre una mesa. Es que la propia Iglesia, en cabeza del cardenal Leopoldo Brenes, que ha bregado a mediar, es vista ya como enemiga de la dictadura.

Parece difícil que Ortega y su esposa, Rosario Murillo, elevada por él a vicepresidenta, recapaciten y den un paso al costado. Tendrían que hacerlo, porque ellos saben lo que es estar del lado de las víctimas de un régimen violento que copa poderes y domina casi todos los medios de comunicación. Casi un calco del venezolano, que por su precaria situación económica no ha podido seguir subvencionándolo.

Como se trata de la defensa de una sociedad, queda, como siempre, apelar a los organismos internacionales, que han venido expresando su rechazo. Es esperanzador que el Consejo Permanente de la OEA haya aprobado una resolución en la cual manifiesta gran preocupación, condena la violación de los derechos humanos, exige responsables y repudia los ataques contra el clero. Este es el camino. Los países democráticos deben seguir con la presión. El pueblo nica nos necesita a todos.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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