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Sufre Venezuela

Sufre Venezuela

La crisis del país vecino no puede normalizarse. Serían gravísimas las consecuencias para la región.

Que un país tenga al 94,5 por ciento de su población en la pobreza, como hoy ocurre con Venezuela, constituye una tragedia humana que el mundo no puede ignorar. Los países, sobre todo los que en mayor medida soportan las consecuencias de este colapso, están llamados a encontrar una manera de aliviar el sufrimiento de tantas personas y de encarrilar a la nación vecina rumbo a mejores tiempos.

Y es que la fotografía de la tragedia social de Venezuela que reveló la Encuesta de Condiciones de Vida 2021, a cargo de la Universidad Andrés Bello, es estremecedora: tres de cuatro venezolanos hoy viven en pobreza extrema –76,6 por ciento del total de la gente– y en un marco de carencias en todos los aspectos, desde el acceso a servicios básicos hasta las que se dan en el terreno emocional. Aquí, la imposibilidad de proyectar un futuro que dé sentido al proyecto de vida causa profundos estragos. De ahí que más de cinco millones de venezolanos y venezolanas hayan visto la emigración como única opción posible para sus vidas y las de sus familias.

Hay algo particularmente vergonzoso en todo este drama sobre lo que corresponde hoy advertir: la realidad que supone el hecho de que el crecimiento de la pobreza haya alcanzado un techo acarrea el riesgo de que la infamia se convierta en paisaje. Hace más factible este escenario el que la minoría de personas que hoy no pasan dificultades –muchas de ellas gracias a su estatus de ‘enchufados’, es decir, de leales y funcionales al régimen– pueda cada vez más llevar una vida sin carencias e incluso lujos, habida cuenta de la dolarización de facto de parte de la economía.

Que unos pocos privilegiados hayan logrado adaptarse al caos implica el riesgo de que la debacle se prolongue y el éxodo masivo
se agudice.

Esta ha sido la salida de una minoría privilegiada frente a la hiperinflación, que ya lleva 4 años. Precisamente para contrarrestar sus desastrosos efectos, las autoridades económicas vecinas anunciaron la tercera reconversión monetaria del chavismo en 20 años. Primero el bolívar fuerte, luego el soberano y ahora el digital le han removido 14 ceros a la moneda venezolana con la intención operativa de facilitar el registro de las transacciones de las empresas. No obstante, está claro que sin medidas contundentes contra la galopante inflación y un crecimiento económico sostenido, en poco tiempo, la nueva moneda requerirá otro cambio y la pobreza no se reducirá al ritmo necesario.

Para todo el continente es un tema cada vez más crítico. Los diferentes gobiernos saben que la buena voluntad mostrada para acoger a los migrantes, quiérase o no, encuentra su límite en la realidad fiscal de cada nación, por lo que de manera paralela hay que persistir en la búsqueda de una salida para frenar el éxodo. Además, que exista en esta parte del mundo un lugar que es centro de operaciones del crimen organizado en sus diferentes facetas es un factor muy serio de desestabilización para todas las sociedades y a todo nivel.

El sufrimiento diario de tantos seres humanos no puede por ningún motivo perpetuarse. Hallar una salida es un desafío que exige trabajo coordinado entre los países, constancia, un liderazgo notable, audacia y, sobre todo, mucho sentido de humanidad. Venezuela tiene que ser una prioridad para el mundo.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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