Segundo remezón

Ante las revelaciones de la JEP, solo hay que esperar que se llegue a la verdad con el mayor rigor.

Por: Editorial
21 de febrero 2021 , 11:15 p. m.

Tras el revuelo que causó el auto mediante el cual la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) acusó a los comandantes de las Farc en el marco del macrocaso por secuestro, un impacto similar produjo el auto preliminar revelado la semana pasada con respecto al caso 03, correspondiente a las ejecuciones extrajudiciales o ‘falsos positivos’.

Más allá de cualquier valoración, hay que destacar que la justicia transicional está mostrando resultados, tal y como desde diferentes orillas se le venía exigiendo. Y también resaltar que, así como en el tema de los secuestros se develó con reconocido rigor la crueldad con la que las Farc lo asumieron como práctica sistemática y habitual para conseguir recursos, ahora es la Fuerza Pública la que está en la mira. El documento apunta a que estas muertes no se debieron únicamente al indebido proceder de algunas manzanas podridas.

El eje de la controversia ha sido, por lo pronto, la cifra. Según la JEP, no fueron 2.248, como inicialmente lo había establecido la Fiscalía, sino 6.402 los casos de personas inocentes muertas a manos de agentes del Estado, haciéndolos pasar por integrantes de grupos guerrilleros para así obtener diferentes tipos de incentivos y recompensas, desde días de permiso hasta ascensos. Si bien la ocurrencia de esta atroz conducta está documentada desde finales de la década de 1970, fue entre 2002 y 2008 cuando se dispararon los casos.

Se trata, sin duda, y el revuelo causado lo confirma, de una de las heridas más profundas que dejó el conflicto y una muy dolorosa constancia de la degradación que alcanzó. Valientes organizaciones de víctimas, como la que agrupa a las madres de los jóvenes que fueron reclutados en Soacha para después ser asesinados a quemarropa en el Catatumbo, han logrado visibilizar esta tragedia y mantener vigente, con razón, el justo y necesario reclamo para que se conozca toda la verdad y se haga justicia. Solo así, miles de familias podrán cerrar sus procesos de duelo y experimentar el alivio que produce constatar que la verdad ha permitido que una herida dolorosísima comienza a cicatrizar.

Se trata de una de las heridas más profundas que dejó el conflicto y una muy dolorosa constancia de la degradación que alcanzó

La revelación de la JEP dio pie, como era de esperarse, a todo tipo de reacciones. Desde el respaldo de varios sectores, de la ONU y de Human Rights Watch hasta el rechazo del expresidente Álvaro Uribe, quien apuntó a un posible sesgo ideológico de algunas de las entidades cuyos registros de víctimas fueron utilizados como fuente por los fiscales de la Jurisdicción de Paz.

Por lo pronto, además de valorar como positivo el que la justicia transicional esté produciendo resultados bajo un criterio de equilibrio, hay que renovar el llamado a que se llegue a la verdad, siempre por la vía del mayor rigor procesal posible. Es inevitable, sobre todo dada la manera como tuvo lugar el proceso de paz del que es hija la JEP, que sus pronunciamientos produzcan fuertes terremotos políticos. Y aquí el mejor blindaje para proteger no solo su legitimidad, sino –lo más importante de todo– este esfuerzo que es la dignidad de las víctimas es aferrarse al compromiso que tiene con la verdad.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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