Revocatorias sin sentido

Revocatorias sin sentido

Acudir a esta medida contra los alcaldes, dado el momento en que vivimos, es inoportuno y costoso.

Por: Editorial
10 de enero 2021 , 11:56 p. m.

En medio del segundo pico de la pandemia, cuando los buenos y los malos gobernantes colombianos, como tantos más en todo el planeta, redoblan esfuerzos para encarar un enemigo que muta, que acorrala, han agarrado vuelo los apresurados e inoportunos procesos de las revocatorias de los mandatos de los alcaldes de Bogotá, Cartagena, Cúcuta y Medellín.

Hay que ser un verdadero vidente para sacar a aquellos mandatarios locales, que acaban de cumplir el primero de los cuatro años de su administración, por traicionar a sus electorados y por incumplir sus programas de Gobierno. Hay que obviar el incontestable revés del covid-19, que ha obligado al mundo entero a replantearse los planes, para sentir que en el contexto actual una revocatoria es un acto de justicia.

Llama la atención que dos grupos en las antípodas del espectro político nacional, el Centro Democrático y la Colombia Humana, se hayan apurado a dejar en claro que no buscarán ni apoyarán ninguna de las revocatorias que están en marcha, pero la verdad que hoy, por causa de los crecientes desmanes en Estados Unidos, el populismo antidemocrático está volviendo a verse como un error que suele costarles caro a las sociedades: tomar distancia de un proceso de revocación tan temprano no solo es no entrometerse en un proceso que debe ser liderado por la ciudadanía, sino que también es devolverles algo del respeto perdido a los resultados de las elecciones.

La figura de la revocatoria del mandato ante la Registraduría, prevista por la Ley 134 de 1994, es una herramienta más de la voluntad popular –y es el derecho político– de ejercer control y exigir eficiencia en las operaciones del Estado colombiano. Y ha sido una sombra tan amenazadora e inútil que ha acompañado las gestiones de todos los alcaldes y los gobernadores: es retadora, pero engorrosa e infecunda, porque, en el caso de las ciudades grandes, requiere de la instalación de comités promotores, de la asignación de recursos, de la recopilación de cientos de miles de firmas que deben ser analizadas.

Llama la atención que el Centro Democrático y la Colombia humana hayan dejado en claro que no buscarán ni apoyarán ninguna de las revocatorias

Podría decirse que, más allá de los aciertos y de las salidas en falso de sus gestiones, las revocatorias anunciadas contra las administraciones de Claudia López, William Dau, Daniel Quintero y Jairo Yáñez vuelven a convertirse en un ruido entorpecedor que poco parece convenirles tanto a sus administraciones marcadas por la pandemia como a estas ciudadanías que también pasan por un momento tan particular –tan nunca visto– al que poco le conviene que el espíritu crítico se vea nublado por el espíritu vindicativo.

Por supuesto, los comités promotores deben ejercer su derecho político según sus criterios, pero hoy, cuando las redes e internet legitiman la propaganda sucia y azuzan a los malos perdedores de las elecciones, no sobra cuestionar la pertinencia de estas iniciativas, no solo por el difícil momento que vivimos, en que los programas de gobierno han tenido que ajustarse, sino porque una recolección de firmas resulta costosa, en medio de penurias económicas, y hasta peligrosa en términos de salubridad.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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