Respuesta esperada

Respuesta esperada

La nueva estrategia del Gobierno para enfrentar las masacres debe apuntar a prevenir estos hechos.

Por: Editorial
07 de septiembre 2020 , 09:25 p. m.

Hay que repetir, cuantas veces sea necesario, la tragedia que representa para esta sociedad que, no obstante el rechazo expresado de mil maneras desde todos los sectores y las acciones emprendidas por las autoridades, continúe la macabra racha de masacres. El viernes pasado cuatro personas fueron asesinadas en Buesaco, Nariño. El sábado fue, en El Tambo, Cauca, el siguiente capítulo: allí, tres personas fueron halladas muertas. Al escribirse estas líneas se reportaban dos casos más: uno en Zaragoza, Antioquia, con cinco víctimas y otro más en San Pablo, Bolívar, donde tres personas cayeron bajo las balas homicidas. Hasta el 17 de agosto, Naciones Unidas ha documentado 33 masacres en el país.

En este preocupante contexto, el Gobierno anunció por medio del ministro de defensa, Carlos Holmes Trujillo, una estrategia para evitar que haya impunidad. Se busca llegar a los autores intelectuales y de esta forma, ojalá, poner freno a este aterrador fenómeno criminal.

En entrevista concedida a este diario, el coronel Gelber Hernando Cortés, jefe de la nueva unidad especial creada para cumplir con esta tarea, entregó detalles sobre la estrategia que guiará la actuación del grupo élite bajo su mando.

Urge entender el fenómeno
en toda su complejidad para así tener luces suficientes que permitan actuar con eficacia sobre sus raíces.

Esta es, sin duda, una buena noticia. Está más que demostrado en la historia del país que cuando se logran articular los esfuerzos de diferentes instituciones en pos del objetivo de doblegar un aparato criminal, los resultados suelen ser positivos.

La estrategia, que consta de siete puntos, busca que la respuesta sea eficaz, que esté claro quién es el responsable de las investigaciones y da pautas precisas sobre cómo adelantar las actuaciones judiciales tendientes a identificar y capturar responsables. Incluye también protocolos focalizados para el manejo del lugar de los hechos y, muy importante, el estudio del contexto para así poder caracterizar las estructuras de estas organizaciones ilegales, vital para que puedan ser desvertebradas.

Por último, tiene un componente de seguimiento de la evolución de los procesos. Es importante advertir que todo este aparataje no debe ser únicamente reactivo, sino, y sobre todo, preventivo. Tiene la obligación de ir un paso adelante de los asesinos. Su verdadera eficacia radica no tanto en la cantidad de casos que se esclarezcan –tarea que desde luego hay que cumplir–, sino en las vidas que se salven gracias a las acciones para poner a buen recaudo a quienes se han organizado para sembrar el terror y por esta vía abrirles paso a sus maquinarias de muerte.

De igual forma, hay que advertir que tan importante como desarticular las bandas que perpetran estos homicidios es entender el fenómeno en toda su complejidad, para así tener luces suficientes que permitan actuar con eficacia sobre sus raíces. A la hora de trazar una respuesta estatal hay que escuchar las voces provenientes de las comunidades en riesgo y darles un lugar prioritario a las necesidades que expresan. La concertación con la gente de acciones urgentes diferentes a las judiciales y policiales está llamada a ser el segundo gran pilar de esta estrategia, sin margen de error.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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