Respirar tranquilos

Respirar tranquilos

Metas claras para limpiar el aire y regular los productos del tabaco deben ser políticas de Estado.

Por: EDITORIAL
15 de noviembre 2019 , 09:03 p.m.

La gente toma la respiración y la salud de sus pulmones como condiciones concedidas de modo natural, al punto de que pocas veces –de manera colectiva– se les presta la atención debida, como ocurre con órganos y funciones más publicitadas, como el corazón, los riñones o el cerebro.

Sin embargo, basta ver que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los males respiratorios son, sumados, la principal causa de muerte y discapacidad en el planeta, tanto que para el organismo, su incidencia y prevalencia se deben convertir en prioridades de todos los sistemas sanitarios.

Aunque los números por sí solos no reflejan los estragos que dejan estas patologías, al ponerlos al frente de sus causas –la mayoría prevenibles–, el tema toma dimensiones alarmantes. Para la muestra, en el mundo, 65 millones de personas sufren enfermedad pulmonar obstructiva crónica (epoc) y 3 millones mueren cada año por culpa del cigarrillo y la mala calidad del aire, que, mayormente, la producen.

La misma OMS acaba
de considerar la contaminación del aire como el mayor riesgo ambiental para la salud en general

Y si esto parece poco, más de 334 millones de personas padecen asma, la enfermedad crónica más común de la niñez, que afecta al 14 por ciento de todos los niños en todo el mundo, con el agravante de que no es mucho lo que se hace para controlar todo aquello que la causa.

Ahora, el horizonte de la neumonía no es más claro, porque anualmente mata millones de personas y es una de las principales causas de muerte entre menores de cinco años, a los que la desnutrición y otros componentes carenciales los convierten en presas fáciles, principalmente de microorganismos que les destruyen los pulmones.

Y por el lado de las infecciones, el repunte de la tuberculosis (un mal del Medioevo) produce miedo en razón de que, por fallas en el diagnóstico y los esquemas de tratamiento, más de 10 millones de personas la adquieren y 1,4 millones fallecen anualmente.

Y este listado no estaría completo sin los 1,4 millones de muertos, la mayoría fumadores, que cada año deja el cáncer de pulmón; y al menos otros 4 millones que fallecen prematuramente por enfermedades respiratorias crónicas.

Pero la intención no es hacer un inventario de patologías, sino advertir que estas podrían multiplicarse si no se controlan en forma adecuada, para lo cual hay que empezar por mirar con rigor a los mil millones de habitantes que deben inhalar aire no respirable y a otros mil millones expuestos a humo de tabaco.

No en vano, la misma OMS acaba de considerar la contaminación del aire como el mayor riesgo ambiental para la salud en general, y de insistir en la responsabilidad mayor que en esto tienen las emisiones producidas por los combustibles fósiles, el polvo, los gases y los humos de tabaco y leña. Colombia registra cada año cerca de 170.000 pacientes con estas afecciones.

Las justificaciones sobran. Metas y tareas claras para limpiar el aire y regular estrictamente los productos del tabaco y sucedáneos deben ser políticas de Estado y prioridades en las agendas de los gobiernos locales y regionales, próximos a empezar. Es el bienestar de todos lo que está en juego.

editorial@eltiempo.com

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