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Relleno de problemas

Las protestas de los vecinos del relleno sanitario Doña Juana se veían venir.

Editorial .
Sin ser aves de mal agüero, hay que señalar que las protestas de los vecinos del relleno sanitario Doña Juana, en el sur de Bogotá, se veían venir. Más allá de los intereses oscuros que se ocultan detrás de ellas –y que abordaremos más adelante–, es claro que se trata de una comunidad que por años ha soportado la presencia de un vecino incómodo.
Vecino que, hay que decirlo también, arribó al lugar mucho antes que los barrios que lo circundan y fueron formándose de manera irregular. Pero ese es otro debate. Aquí lo claro es que la gente ha reclamado por los malos olores, la proliferación de moscas y roedores y el peligro que el relleno representa para su bienestar. Tienen todo el derecho a reclamar de la Administración medidas que mitiguen semejante situación, pues, por definición, un relleno debe no solo disponer adecuadamente de las basuras, sino garantizar la salud pública.
El de Doña Juana completa casi 30 años de vida y recibe a diario 6.000 toneladas de desperdicios generados por más de 8 millones de habitantes. Ya en el pasado, en la primera administración del alcalde Mockus (1997), se vivió una emergencia sanitaria por el derrumbe de una de sus paredes, producto de la acumulación de gases. Otra tuvo lugar en el 2015. Desde entonces, y de cuando en cuando, organizaciones sociales viven reclamando para que este depósito a cielo abierto sea clausurado o trasladado.

Las protestas en el principal depósito de desechos de Bogotá evidencian que el asunto ha empezado a tomarles ventaja a operadores y Gobierno

No ha sido fácil tomar esa decisión, entre otras razones, porque no existe un lugar adecuado que cumpla esa función a cabalidad, porque es costoso e impactaría seriamente la tarifa de los usuarios.
Lo que sí carece de explicación es el papel que ha jugado el consorcio a cargo del manejo del relleno. Hace unas semanas, los operadores de aseo alertaron por el pésimo estado de las vías de acceso, lo que ocasiona inconvenientes en los vehículos y demoras en el descargue de los desechos. Varias multas y sanciones acumula el mismo consorcio por fallas que se han vuelto reiterativas. Tenía que pasar lo de las protestas para que los bogotanos dimensionaran el problema y la Alcaldía se apersonara del asunto.
Dicho esto, no está demás advertir que, si bien la ciudadanía debe exigir que el relleno no atente contra su salud, flaco favor hacen los promotores de las protestas al agravar el problema. Tomar las vías de hecho para pedir soluciones no puede ir en contra de toda la ciudad, que por poco se ve abocada a otra emergencia por causa de saboteadores, políticos oportunistas y vándalos que la emprendieron contra los camiones y produjeron incendios sin advertir que podrían desatar un desastre mayor.
Como suele ocurrir en estos casos, los justos reclamos de los vecinos terminan opacados por quienes anidan otros intereses; ante esto, las autoridades no pueden ceder. Y la única manera de evitar que pesquen en río revuelto es concertando con los directamente afectados para procurar soluciones a corto y largo plazo.
Eso sí, el Gobierno queda advertido: o le mete mano a lo que pasa con el relleno y su operación, revisa con cuidado el impacto ambiental y social que provoca y prioriza en la licitación de aseo que se avecina una eficaz estrategia de reciclaje o se expone a un escalamiento del problema, que, además, es de todos.
- editorial@eltiempo.com
La noche del lunes cerca de 50 habitantes de estos barrios pasaron la noche frente a la entrada del relleno sanitario.

La noche del lunes cerca de 50 habitantes de estos barrios pasaron la noche frente a la entrada del relleno sanitario.

Foto:César Melgarejo / EL TIEMPO

Editorial .
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