Recuperar la confianza

Recuperar la confianza

Es urgente que cambien los términos de la relación entre la alcaldesa de Bogotá y la Policía.

Por: Editorial
16 de septiembre 2020 , 09:25 p. m.

Los hechos de la última semana han permitido que afloren y se agudicen hasta niveles muy preocupantes tensiones que, al parecer, han estado presentes desde el inicio de la gestión de Claudia López. El primer capítulo de esta historia se vivió con el protocolo que dispuso el Palacio Liévano para garantizar los derechos de las mayorías durante las protestas sociales.

La situación que hoy se vive se enmarca en un diseño institucional que no proporciona suficiente claridad: si bien el burgomaestre es, constitucionalmente, la primera autoridad de policía en un municipio –o distrito capital, para estos efectos–, en términos operacionales la Policía es autónoma a la hora de tomar decisiones como la del uso o no de la fuerza.

Aquí entra a jugar la línea de mando, donde los mandatarios locales no tienen cabida. Así lo establece el artículo 8 del nuevo Código de Policía. De ahí que, como lo han señalado varios expertos, el actuar de los efectivos en las calles, sobre todo en circunstancias tan críticas como las vividas la semana pasada, esté en armonía con lo que disponga la autoridad civil, Claudia López en este caso, termina dependiendo de su capacidad de lograr que ella misma y su equipo trabajen en coordinación con los mandos de la Policía Metropolitana.

Es enorme el daño que se causa cuando en la calle los uniformados sienten que las órdenes que reciben no están en la misma línea.

Por eso hay que insistir en que tal trabajo mancomunado se produzca, lo que implica sanar las heridas abiertas la semana pasada –con diálogos francos y una gran dosis de humildad– para así reconstruir la confianza. No hay otro camino. Es enorme el daño que se causa en todos los niveles cuando en la calle los uniformados sienten que las órdenes que reciben no están en la misma línea e incluso se contradicen.

Y es que las necesidades cotidianas de la ciudadanía en materia de seguridad y convivencia, que son muchas, delicadas y muy variadas, no conocen de ideologías o militancias políticas. Al contrario, el crimen sí que debe celebrar estos encontronazos que terminan pasando factura, a veces en forma directa e inmediata, otras de manera sutil en el día a día de la labor policial en las calles. Por desgracia, para una ciudad que, por cierto, venía mostrando mejoras en todos los indicadores, salvo el del hurto de bicicletas.

Este llamado, hay que ser claros, no implica que la alcaldesa desista de su legítimo y bienvenido propósito de llegar a la verdad de las muertes que se produjeron entre miércoles y jueves para que la justicia actúe; tampoco, que renuncie a las banderas que la llevaron al cargo. Es una invitación a evaluar qué de lo que alimenta el distanciamiento se puede cambiar: por ejemplo, elegir las redes sociales como escenario para contrastar puntos de vista, en lugar de los consejos de seguridad.

Es importante también revisar canales de comunicación e interlocutores, tema clave dada la actual incapacidad por covid-19 que mantiene fuera de su cargo al comandante de la Policía Metropolitana, general Óscar Gómez. Lo visto ayer, cuando se presentaron las recompensas para dar con los vándalos que destruyeron algunos CAI, permite ser optimistas.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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