Que no cierren la puerta

Que no cierren la puerta

La cancelación de la cumbre con Kim Jong-un es un duro revés para la diplomacia ejecutiva de Trump.

25 de mayo 2018 , 12:00 a.m.

Ya se estaba hablando de que el presidente Donald Trump debería ser nominado al Nobel de Paz si lograba un acuerdo nuclear con Corea del Norte, así estuviera destruyendo el pacto con Irán. Pero el anuncio este jueves, a través de una carta, de que se cancelaba la promocionada cumbre con Kim Jong-un del 12 de junio, es un muy duro revés para la diplomacia ejecutiva y efectista de Trump, que, a ritmo de negociante, pensó que podía conseguir con facilidad lo que ninguno de sus predecesores: dominar al irreductible régimen de Pionyang.

Y es que todo pintaba bien. El gobierno de Kim había eliminado la retórica hostil hacia el mandatario estadounidense, había reabierto los canales de comunicación con Seúl y se había reunido en los mejores términos con el presidente surcoreano, Moon Jae-in; había socializado su compromiso de hacer su parte para desnuclearizar la península y liberado a tres ciudadanos estadounidenses, a lo que sumó el desmantelamiento ayer mismo de su centro de ensayos nucleares en Punggye-ri. Todos estos, gestos que creaban confianza.

Pero todo empezó a torcerse con las maniobras militares conjuntas entre EE. UU. y Corea del Sur y las declaraciones de sheriff de funcionarios de Trump, como el secretario de seguridad nacional, John Bolton, o el vicepresidente Mike Pence, en el sentido de que Washington quería imponer el modelo de negociación nuclear unilateral con Libia del 2003. Fue una analogía torpe, pues Libia es hoy un Estado fallido y su líder, Gadafi, fue asesinado por una turba enardecida. ¿Y si se va a imponer un modelo unilateral, y no va a haber negociación, para qué la reunión?

No tardó en regresar la agresividad de los norcoreanos al tachar las palabras de Pence de “estúpidas” e “ignorantes”. Y ante el riesgo de ser humillado si seguía adelante con lo de la cumbre, a Trump no le quedó más remedio que cancelar, aunque dejó una puerta abierta. Ojalá no se cierre, por el bien de la península y del mundo, que nunca antes había hecho tanta fuerza para que algo le saliera bien a Trump.

editorial@eltiempo.com

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