Puigdemont, en prisión

Puigdemont, en prisión

Las protestas en Barcelona deben ser un llamado al Gobierno para propiciar un diálogo constructivo

Por: Editorial
27 de marzo 2018 , 12:20 a.m.

El liderazgo independentista catalán es hoy una fotografía en prisión, como lo resumió este diario en su edición de este lunes, luego de la detención en Alemania del expresidente del gobierno regional catalán Carles Puigdemont, una de las figuras más representativas de aquel grupo que lideró el procés y quien había huido a Bélgica desde octubre, tras proclamar una independencia que minutos después suspendió.

A él se le suman nombres como los de Oriol Junqueras, Jordi Sánchez o Jordi Turull, quien poco después de fracasar en su primer intento por convertirse en presidente de la Generalitat, al no conseguir los votos necesarios, fue encarcelado, en una dinámica que, por apegada que parezca a la ley y al Estado de derecho, no debe hacer pensar que las cosas van por buen camino, pues son combustible para la hoguera de la fractura entre amplios sectores de la sociedad catalana y el resto de España y, por qué no, la de las vanidades de unos líderes que en su afán de pasar a la historia pretendieron torcer el pescuezo a la Constitución y a las instituciones. Otros optaron por la huida y hoy ven lo que sucede desde el exilio.

Las masivas protestas del domingo en Barcelona ante la noticia de la captura de Puigdemont dejan claro que el sentimiento independentista catalán va más allá de sus líderes, pero por lo mismo deben ser un llamado de atención al gobierno del conservador Mariano Rajoy para que propicie un diálogo constructivo y necesario en un momento histórico que requiere de firmeza, sí, pero también de una apertura y una generosidad que entiendan que la solución no pasa por la prisión y que sobre el terreno hay sentimientos y realidades que no se pueden imponer a la brava.

Puigdemont pasará unos días, o tal vez meses, en un centro detención alemán a la espera de que la justicia de este país decida si procede la solicitud de extradición cursada por España. Dicho esto, quizás ya es hora de un cambio de tercio en esta traumática relación, uno en el que se escuche más y se reaccione menos. La unidad de España lo vale.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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