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Profesores sin vacuna

Profesores sin vacuna

Llama la atención que 61.000 educadores en el país aún no se hayan vacunado.

El regreso a las aulas es una indiscutible prioridad en el proceso de reactivación por la que tiene que transitar el país en procura de compensar, a la mayor brevedad, el impacto negativo que las limitaciones derivadas de la pandemia han tenido no solo en el desarrollo académico, especialmente de los menores, sino en su salud mental y, por extensión, la de las familias.

De ahí que, bajo esta premisa y respaldado por sólidos argumentos técnicos y científicos, el Gobierno Nacional haya diseñado unos protocolos que permiten la presencialidad en las clases a todo nivel, dentro de unos plazos que en la práctica ya se cumplieron.

Por supuesto que la seguridad, dentro del marco pandémico, para todos los integrantes de los entornos escolares es un imperativo que no admite discusión. Y en ese sentido, vacunar a todos los profesores es un insumo vital para garantizar este precepto, razón por la cual el Plan Nacional de Vacunación (PNV) priorizó a los educadores para que, de acuerdo con las condiciones y disponibilidad de vacunas, fueran de las primeras poblaciones que pudieran retomar su actividad.

Es inaplazable identificar a los que rechazan
la inmunización, para determinar su nivel de riesgo y el efecto de
su presencia
en las aulas

A lo anterior se suma que cualquier profesor que tenga dificultades con esta priorización puede vacunarse sin limitación, dados los avances que ha tenido el plan de inmunizaciones, que en la práctica hoy permite el acceso a este recurso para la mayoría de personas adultas, lo que lleva a inferir que todos los maestros deberían haber recibido al menos una dosis de la vacuna.
Sin embargo, llama la atención que, a la fecha, más de 61.000 profesores no hayan sido vacunados, lo que se convierte en un inexplicable obstáculo para el proceso de reactivación educativa y que exige, además de análisis en profundidad, pronta solución.

Aquí hay que ser claros, porque la directiva 05 del Ministerio de Educación, en la que se establecen los lineamientos para el regreso a la presencialidad en los colegios, definió que los docentes están obligados a retornar a las actividades académicas sin excepción. En otras palabras, la vuelta física a las aulas debe ser un hecho, eso sí, marcado por la responsabilidad general.

En este sentido, resulta urgente identificar las causas por las cuales este preocupante 15 por ciento de la población docente continúa sin vacunarse, con miras a buscar las soluciones, que empiezan por agilizar este proceso en quienes hayan encontrado barreras para hacerlo, y en eso las autoridades sanitarias deben desplegar acciones que faciliten esta actividad en todos los rincones del país.

Aunque la vacunación es un acto autónomo personal y voluntario, a la par que se debe reconocer que más de 350.000 profesores ya lo hicieron, es inaplazable identificar a los que abiertamente rechazan la inmunización, para determinar su nivel de riesgo y el efecto que tendría su presencia en momentos en que la vuelta a las aulas no es negociable y la pandemia continúa su curso. Todo ello para buscar salidas razonables que, por un lado, tranquilicen a los entornos familiares y, por otro, viabilicen la ruta que instale a los niños de nuevo en su hábitat natural: las escuelas.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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