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Primer punto en la agenda

Primer punto en la agenda

Las cifras de pobreza ratifican que Colombia debe enfocarse en crecer con equidad.

Cada dato oficial sobre el desempeño social o económico del país durante 2020 ayuda a dimensionar con mayor exactitud el impacto de la pandemia de covid-19. El más reciente de estos datos es uno de los más importantes: el informe de pobreza monetaria del Dane. Según la entidad estadística, el año pasado 3,5 millones de colombianos cayeron por debajo de la línea de pobreza, y 2,7 millones, en pobreza extrema.

En el año en que el covid-19 golpeó con dureza al mundo y el país registró su peor desplome económico de la historia, el porcentaje de colombianos pobres pasó del 37,5 al 42,5 por ciento de la población nacional, unos 21 millones de habitantes. Esto implica un alarmante salto de 6,8 puntos porcentuales y es un doloroso producto de la triple crisis sanitaria, económica y social que sigue azotando hoy en día a la nación.

Esta situación debe comprenderse en toda su magnitud. Prácticamente una década de avances sociales en Colombia fueron borrados de un plumazo por la pandemia. El reporte del Dane ratifica que mientras las grandes ciudades experimentaron un mayor empobrecimiento, las zonas rurales registraron una reducción de sus niveles de pobreza. Las razones para estas tendencias son múltiples, pero se destacan la continuidad de las actividades agropecuarias, el altísimo costo de las cuarentenas y el uso de las restricciones en las ciudades, así como las ayudas del Gobierno.

El balance para las principales capitales del país es preocupante. Bogotá no solo vio elevar su pobreza hasta más del 40 por ciento, sino que también aportó uno de cada tres nuevos pobres y uno de cada cuatro nuevos pobres extremos en Colombia. Los niveles de pobreza aumentaron en Barranquilla y Cali 15,6 y 14,4 puntos porcentuales, respectivamente, más del doble de la disparada nacional. Estos datos reflejan peligrosas dinámicas que son el resultado, entre otros factores, de los confinamientos y las dificultades en la reanudación de las actividades productivas urbanas.

Otra de las conclusiones que deja esta fotografía actualizada de la pobreza en Colombia se relaciona con el efecto de los paquetes de ayudas sociales del Gobierno. El Dane calculó el impacto de las transferencias monetarias, permanentes y extraordinarias, sobre los ingresos de los colombianos. A nivel nacional, el conjunto de estos giros, en especial los creados por la pandemia, como Ingreso Solidario, redujeron en 3,6 puntos porcentuales la incidencia de la pobreza. Por ejemplo, sin el conjunto total de ayudas del Gobierno, la pobreza extrema en el campo habría aumentado casi diez puntos porcentuales adicionales.

En momentos en que el Gobierno y el Congreso discuten una reforma tributaria que contemplaría fortalecer algunos de estos canales sociales, gana importancia la revisión juiciosa de estos cálculos del Dane. El nuevo articulado del proyecto de ajuste fiscal que surja del consenso entre la Casa de Nariño y el Legislativo no puede olvidar la inclusión de medidas que robustezcan los programas para moderar el deterioro de los indicadores sociales del país.

Los subsidios ayudaron a mitigar el impacto social de la crisis, pero son insuficientes para rescatar a millones de colombianos de la pobreza

Sin embargo, como lo muestran las estimaciones en las zonas urbanas, los subsidios gubernamentales contribuyeron a mitigar un escenario mucho peor, pero son insuficientes para rescatar a millones de colombianos de la pobreza. Es necesario dinamizar las estrategias de reactivación de las economías de las ciudades alrededor de las empresas y los sectores productivos. Si bien las cifras de desempleo siguen en unos niveles altos, la reanudación de las actividades productivas, sin cierres ni restricciones, genera más ocupados e ingresos para los ciudadanos.

No hay un camino exitoso para empezar a mejorar estos indicadores sociales que no contemple la generación de puestos de trabajo formales y estables para quienes han caído por debajo de estos umbrales mínimos. Esta fotografía de la pobreza ratifica que la lucha contra esta condición socioeconómica de 21 millones de compatriotas debe convertirse en el primer punto de la agenda pública del país. Por esa misma razón, los debates y los acuerdos en torno al proyecto de reforma tributaria necesitan incorporar, al lado de la estabilidad fiscal, la discusión sobre los programas de ayudas sociales durante la crisis.

En todo caso, no hay mejor política para mejorar los ingresos de los más vulnerables que el crecimiento económico sostenible y con énfasis en la equidad. La reactivación debe mantenerse entre las prioridades del Gobierno, aun en estos difíciles momentos políticos. Las administraciones locales han de asumir la responsabilidad de contribuir a dinamizar sus economías. A la pobreza se la derrota con solidaridad, equidad y crecimiento.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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