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Perseverar en la paz

Perseverar en la paz

El video de ‘Iván Márquez’ despeja dudas y obliga a seguir en la implementación de los acuerdos.

El video en el que alias Iván Márquez, en compañía de un grupo de antiguos comandantes de las Farc, anuncia que retomarán las armas es un golpe al proceso de paz, pero de ninguna manera marca su fracaso o final. Incluso puede terminar fortaleciéndolo.

La pieza audiovisual es la lamentable concreción de una realidad: la decisión de un sector de la antigua guerrilla –el que desde el comienzo menos confió en los diálogos y más inmerso estuvo en los negocios del narcotráfico y la minería ilegal– de regresar a la clandestinidad. Todos ellos ya habían dejado de asistir personalmente a las citaciones que les había hecho la Jurisdicción Especial para la Paz. Los rumores, pero también los informes de inteligencia, apuntaban a su retorno a la ilegalidad desde el otro lado de la frontera con Venezuela.

Tener claro ya que esta vertiente minoritaria de la antigua guerrilla ha decidido, dicho coloquialmente, volver al monte, por supuesto que impacta, sobre todo por la imagen de las armas que empuñan en el video. Pero al mismo tiempo marca el fin de un ciclo de incertidumbre. Ya no hay duda de quiénes definitivamente no le apostaron a la paz: su suerte está echada, y es positivo, en medio de todo, saber que están lejos de ser una mayoría.

No hay razones para el catastrofismo. La confirmación de esta disidencia debe ser una oportunidad para aglutinar apoyos

Así las cosas, es necesario perseverar. El Gobierno, que les ha venido cumpliendo a los más de 8.000 excombatientes que siguen comprometidos con el proceso, no puede bajar la guardia. Debe garantizar que continúe el buen ritmo que lleva la puesta en marcha de iniciativas como la de los proyectos productivos y, ante todo, tiene que enviar un mensaje preciso y contundente a estas personas en el sentido de que su apuesta por la paz rendirá frutos y todo lo pactado se seguirá cumpliendo.

De igual forma, hoy más que nunca es necesario que sea un propósito de Estado llevar a buen puerto la paz. Actuaciones que buscan réditos cortoplacistas a partir de dardos de dudoso cuño al proceso son lamentables y no deberían tener cabida. En esta línea, es indispensable también que la JEP tramite con toda la celeridad del caso la salida de esta jurisdicción de quienes anunciaron su regreso a las armas. Hacerlo sin dilaciones y con contundencia enviará un mensaje positivo que redundará a su favor.

Urge, por último, una ofensiva diplomática para dejar muy claras las motivaciones reales de quienes intentarán presentarse ante el mundo como una organización rebelde movida por una causa política. Un esfuerzo que debe incluir el persistir en las denuncias sobre la complicidad de la dictadura venezolana con el Eln y ahora, según lo han dicho los organismos de inteligencia, con esta disidencia de las Farc.

Que quede claro: no hay razones para que este golpe conduzca al catastrofismo. Es un hecho lamentable, sin duda, pero también una oportunidad para reaccionar con serenidad y buen criterio. Actitud que debe conducir a cuidar lo ya construido y tener más motivos y respaldos para avanzar en lo que resta, que no es poco ni estará libre de tormentas. Vientos en contra que podrán sortearse, siempre y cuando no se apague el faro de la unión de una sociedad entera en torno al cuidado de su logro más importante en décadas.

editorial@eltiempo.com

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