Para el mismo lado

Para el mismo lado

Es un grave error asumir la respuesta a la pandemia en clave de competencia.

Por: Editorial
02 de agosto 2020 , 01:34 a.m.

Aquel conocidísimo adagio de ‘la unión hace la fuerza’ se renueva ante el desafío que la pandemia de covid-19 le plantea al mundo entero.

Pero, y por desgracia, solo recobra vigencia en un sentido utópico, porque basta una mirada a cómo ha sido la respuesta de los países para observar todo lo contrario: competencia a todo nivel en lugar de solidaridad, esfuerzos aislados en vez de consensos, y una exacerbación de las tensiones entre Estados en lugar del apaciguamiento al que debería conducir una situación de crisis como la que hoy vivimos.

Y es que las pandemias obligan a un manejo global, unificado, coordinado y armónico. Pues se trata de una amenaza general que exige respuestas del mismo talante. Es paradójico que en un mundo globalizado, la humanidad se encuentre completamente vulnerable en términos de la dificultad para articular esfuerzos de todas las naciones.

Si hemos de comparar el planeta con un organismo, no cabe duda de que este coronavirus lo sorprendió bajo de defensas. Lo difícil y doloroso de entender es que la raza humana atravesaba una etapa sin precedentes en cuanto a generación de riqueza, ausencia de conflictos bélicos y avances científicos.

Pero quedó en evidencia la falta de procedimientos de protección. O, mejor, que lo que antes nos protegía se ha debilitado: la intervención del Estado, la previsión del futuro de manera global, los procedimientos clásicos de defensa, la promoción de salud colectiva. En este último campo tenemos un concepto globalizado de bienestar, pero con abordajes individuales.

En las últimas décadas, distintas dinámicas y realidades llevaron a que cada país tuviera sus propios componentes sanitarios, por lo que hoy es tan difícil, por más necesaria que sea, una acción que siga los preceptos del multilateralismo. Al contrario, la lamentable tendencia es al repliegue en un contexto en el que no asoman liderazgos. Los foros mundiales y regionales con líderes de las naciones sentados a la mesa, unidos por una misma convicción no obstante las diferencias –como los que se registraron tras la crisis financiera mundial de 2008– poco se han visto esta vez. Tal vez la excepción sea la cumbre de Bruselas en la que la Unión Europea logró, por fin, acuerdos para afrontar la pospandemia con una estrategia unificada y unos fondos disponibles para los que más sintieron su rigor.

El llamado a la unión y la cooperación sigue vigente, sobre todo ante la posibilidad de rebrotes. De nada le sirve a un país decir que han superado el virus si la amenaza global continúa.

Mención aparte merece todo el continente americano, al que el covid-19 lo sorprendió, con muy pocas excepciones, desprevenido, donde la preparación no pasa de los recetarios individuales y tradicionales de la gente. Con un componente ideologizado frente a las mismas herramientas para proporcionar salud: en pleno pico de la pandemia, con los hospitales a reventar, siguen siendo centrales los debates políticos. Los mismos que generan tensiones que son obstáculos enormes a la hora de actuar para salvar vidas, que por lo general son las de los más vulnerables.

La única vía posible es la que exige deponer orgullos y soberbias. Puede que la vacuna logre contener la pandemia, mas solo la humildad podrá fortalecer a la humanidad de cara a nuevas amenazas

En un contexto de urgencia sanitaria, la búsqueda de confluencias políticas puede esperar. Las instituciones multilaterales están obligadas a pensar con un enfoque global y actuar de forma coordinada. Una realidad que por momentos se replica en los países donde cada ente administrativo tiende a la competencia antes que a la cooperación, como tiene que ser.

El virus no requiere certezas. Basta un pluralismo donde cabe, sin duda, la discusión política, pero no el dogmatismo ni, reiteramos, la actitud competitiva, que es lo que ha primado. Es hora de que a instancias, por ejemplo, de la OEA se active una verdadera coordinación de los esfuerzos de todas las naciones del área. Exhibir logros parciales en perspectiva comparada en este momento es, siendo benévolos, inapropiado. Solo acarrea una certeza: todos pierden. Llegó la hora de trabajar en equipo a nivel local, regional y mundial. Nadie, a estas alturas, tiene la verdad sobre la pandemia ni sobre el modo indicado de afrontarla a la mano. No es posible ahora tener última palabra para, desde este pedestal, decir que los demás se han equivocado o han acertado. La pandemia reta desde el punto evolutivo a todo el mundo. Y esto significa acciones colectivas, que no tienen que ser unánimes, pero que sí le den a la gente claridad de que se está avanzando hacia un solo norte. Es fatal enviar mensajes contradictorios.

Es hora de entender que la única vía posible es la que exige deponer, así sea temporalmente, orgullos y soberbias. Puede que la esperada vacuna logre contener la pandemia –ojalá así sea–, pero va quedando claro que solo la humildad podrá fortalecer a la humanidad de cara a nuevas amenazas de este mismo carácter. Y no solo en el campo de la salud.

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