País de octogenarios

País de octogenarios

Las mayores expectativas de vida en Colombia deben acompañarse de urgentes medidas en salubridad.

Por: Editorial
20 de octubre 2018 , 12:18 a.m.

La expectativa de vida para todos los habitantes de este país, en promedio, aumentará tres años antes del 2040, según un riguroso estudio efectuado en 194 países por el Instituto de Métrica y Evaluación de la Salud (Ihme) de la Universidad de Washington y que acaba de publicar la prestigiosa revista The Lancet.

Esta investigación ubica a Colombia en el puesto 44 del escalafón de aumento de vida –encabezado por España y Japón–, superada en la región solo por peruanos y chilenos, que vivirán un poco más.

Pero las cosas, a juzgar por los análisis, podrían ser más halagüeñas para los nacionales, que llegarían hasta los 83 años en las próximas dos décadas (5 años más que ahora), si desde ya se les ponen frenos a la obesidad, el tabaquismo y el gusto por el alcohol. Tareas que, valga decir, parecen superar a los encargados de echarlas a andar.

Lo grave es que si esto no se inicia con seriedad, los efectos, dice el Ihme, podrían ser desastrosos, porque dejar las cosas como están, además de no aumentarle años a la población, les restaría calidad y utilidad a los últimos años que hoy se viven, lo cual tendría un impacto social y económico de grandes magnitudes.

Más que nunca, se necesita la aplicación de un modelo de atención basado en la estrategia de Atención Primaria en salubridad

El asunto hay que tomarlo en serio, en razón de que esta visión analítica de futuro también proyecta que en el 2040, los colombianos morirán de infartos, enfermedad de Alz-heimer, falla renal, derrames, males cerebrovasculares y diabetes. Esto representará cambios epidemiológicos trascendentales, pues la gente se muere hoy, entre otros, por infartos, violencia y males respiratorios.

Con este panorama, el país se pone a tono en ese contexto mundial que avizora un aumento significativo de las cifras de pacientes y muertos a causa de enfermedades no transmisibles (ENT), en un escenario que los hacedores de políticas sanitarias, aseguradores y prestadores de servicios apenas miran de reojo y con tibieza.
Y si bien desde algunas tribunas oficiales se pregona que el futuro de la salud del mundo no está preestablecido y hay una amplia gama de desenlaces posibles, omiten que los progresos o los estancamientos en el bienestar y la sobrevida de los habitantes de una región dependen, de manera directa, de la forma como los sistemas sanitarios gestionan los principales determinantes de su salud individual y colectiva.

Aspectos ligados a las condiciones de pobreza e inequidad, entre otros factores sociales, hacen que la expectativa de vida sea más corta en algunos lugares. Pero esto no puede diluir la responsabilidad del sistema de salud para actuar de frente contra la tensión arterial alta, el elevado índice de masa corporal, los consumos excesivos de azúcar, tabaco, alcohol y las malas condiciones del aire para respirar, que aparecen como los mayores responsables de las muertes tempranas.

Aquí no caben las excusas. Porque si hay un escenario que exige la aplicación sin demora de un modelo de atención basado en la estrategia de Atención Primaria –retomada por la Ley Estatutaria de Salud–, es la gestión de estos factores de riesgo en toda su extensión, con el objetivo puesto en que ser octogenario sano sea algo posible para la mayoría de colombianos.

EDITORIAL
​editorial@eltiempo.com

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