Ojo con el rearme

Ojo con el rearme

En apenas nueve meses se ha incautado más de 20 mil armas, la mayoría pagadas con coca.

Por: EDITORIAL
18 de noviembre 2019 , 07:24 p.m.

Que atracadores de joyerías en Bogotá porten los mismos fusiles de asalto que las disidencias de las Farc, responsables del asesinato de indígenas en el Cauca, es un hecho que debe alertar no solo al país, sino al mundo.

En tan solo los primeros nueve meses de este año, Ejército y Policía han incautado 20.161 armas, entre pistolas, lanzagranadas, ametralladoras, revólveres y fusiles. De por sí, la cifra es aterradora. Pero resulta aún más alarmante si se tiene en cuenta que representa casi tres veces el número de estos elementos que las Farc le entregaron a Naciones Unidas tras la firma del proceso de paz.

El crecimiento de los cultivos ilícitos en los últimos años es clave para entender lo que ocurre. Una investigación de la Unidad Investigativa de EL TIEMPO reveló este fin de semana cómo poderosos carteles brasileños y mexicanos están pagando gran parte de las toneladas de coca que sacan del país con fusiles Colt, M-4, M-16, AR-15 y hasta letales ametralladoras M-60. Ese arsenal era el que tenía alias Gildardo Cucho para rearmar a su disidencia. Con ese tipo de arma también fueron asesinados la candidata a la alcaldía de Suárez, en Cauca, Karina García, y los cinco indígenas nasas en Tacueyó, incluida la gobernadora Cristina Bautista.

Si el país no toma medidas en colaboración con los estados en
los que se origina el tráfico, la violencia rural y urbana seguirá escalando

Pero, asimismo, han sido encontrados en intentos de robo de narcocargamentos en Bogotá, y hasta en asaltos a lujosas joyerías y carros de valores, igualmente en la capital. Además, los convulsionados distritos de Agua Blanca y Siloé, en el Valle, se han convertido en despensas de armas que se comercializan entre bandas criminales y clientes de estrato 5 y 6.

Si Colombia, en colaboración con los países de origen de este armamento, no toma medidas urgentes –que incluso cuenten con el respaldo de organismos como la ONU–, la violencia rural y urbana va a seguir escalando.

Y es que un kilo de coca pura puesto en las calles de Nueva York vale 36.000 dólares, lo suficiente para adquirir 7 fusiles de asalto, y el país está produciendo más de mil toneladas de droga al año. Aquí también entra en juego la corrupción. El arsenal ilegal ingresa por puertos o encomiendas, envíos ilegales que requieren la complicidad de funcionarios de las aduanas y de empleados de empresas de correo.

Además, varias de las armas, municiones y explosivos incautados provienen de la Industria Militar de Colombia (Indumil). Si bien se trata de casos excepcionales, es claro que allí hay manzanas podridas. Ahora bien, existe también una gran responsabilidad de los fabricantes internacionales y los países que, como Estados Unidos, producen y comercializan armas, sin mayor control de su destino final.
Naciones como Alemania ya tienen una restricción de que sus armas no pueden llegar a países en conflicto.

Los escoltas y el blindaje de carros para indígenas, funcionarios, líderes sociales y hasta excombatientes de las propias Farc amenazados no resultan suficientes para contener este peligroso fenómeno.

Colombia no puede permitir que el avance y la pacificación en algunas regiones del país, logrados con el desarme de la guerrilla más vieja del mundo, se vayan al traste con el desbordado aumento de arsenales en calles y veredas.

editorial@eltiempo.com

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