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Nueva partitura

Nueva partitura

En buena hora desde Washington se replantea estrategia antidroga. Colombia no puede bajar la guardia

Conforme las cifras van dejando claro que la manera como se ha afrontado el problema del narcotráfico en el mundo necesita urgentemente de un replanteamiento, voces de toda índole exponen nuevos enfoques.

Este es un debate en el que cada vez toman más fuerza las propuestas que buscan, con razón, que el asunto se aborde de manera integral. La llegada de un nuevo inquilino a la Casa Blanca a comienzos de este año ha significado buenas noticias en este sentido, confirmadas con la reciente visita al país de la subsecretaria de Estado adjunto para Asuntos de Antinarcóticos, Heide Fulton.

La funcionaria dejó claro que el gobierno de Joe Biden pretende darle un giro en este sentido a la política antidroga, lo que sin duda es un hecho positivo para Colombia. Lo fundamental del nuevo enfoque pasa porque la erradicación deja de tener el lugar central que tuvo en tiempos de la administración de Donald Trump. Una aproximación que busca, en buena hora, fortalecer la relación entre las autoridades y la comunidad, avanzar en el desminado, mejorar la infraestructura, apoyar los esfuerzos en titulación de tierras, robustecer la administración de justicia y perseguir a responsables de delitos ambientales. Un paradigma que le da renovada importancia a prevenir el surgimiento de más consumidores en el país del norte.

El cambio de Estados Unidos apunta a un abordaje más integral del problema, que incluye evitar que aumente el consumo.

En un sentido distinto al que supuso lo dispuesto por la Cámara de Representantes de su país, que en una primera instancia –a la espera de lo que decida el Senado– prohibió destinar fondos para la fumigación de cultivos ilícitos, Fulton insistió en que este debe ser un componente menor del enfoque integral pero, al fin y al cabo, necesario.

Es alentador constatar que un país que también tiene velas en este entierro por causa del consumo esté planteando una nueva hoja de ruta en el sentido que numerosas voces de conocedores han señalado. Una noticia que se conoció casi al tiempo con el dato, revelado por este diario, de que el país, dicho coloquialmente, va ‘quedado’ en materia de erradicación.

Para este año la meta está fijada en 130.000 hectáreas y apenas se ha logrado acabar con 58.000, un 44,6 por ciento. Tal realidad obligó al Ministerio de Defensa a fortalecer la estrategia en marcha, con el fin de cumplir la meta en diciembre, propósito que se mantiene firme, como lo confirmó a este diario el ministro Diego Molano. El funcionario atribuyó el actual atraso, entre varios factores, a las alteraciones del orden público que trajo consigo el paro nacional de abril y mayo.

Que desde Washington se comiencen a replantear prioridades y que esto pueda traer consigo en algún momento un nuevo lugar de la erradicación forzada en la lista, no puede ser interpretado como un llamado a bajar la guardia. Para que el esfuerzo entre ambos países sea armónico y cada vez más efectivo, es importante que el país participe de él con la tranquilidad de haber hecho la tarea. De ahí que a estas alturas lo urgente sea recuperar el terreno perdido, y lo importante que pronto ambos gobiernos adopten una renovada partitura con potencial para producir mejores resultados en un frente del que dependen tantos asuntos que hoy desvelan sobre todo a los colombianos.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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