Nueva era para Brasil

Nueva era para Brasil

Ojalá veamos a Bolsonaro un tanto más mesurado y realista frente a no pocos escollos que lo esperan.

Por: EDITORIAL 
02 de enero 2019 , 07:03 p.m.

El primer día del 2019 representó para Brasil el cambio de mando en la dirección del país, que en los próximos cuatro años estará en cabeza del excapitán del ejército Jair Bolsonaro. Esto significa una nueva era para la potencia latinoamericana por la tendencia de extrema derecha que encarna el nuevo mandatario, con ideas conservadoras y quien durante casi treinta años como diputado se expresó de manera racista, misógina y homófoba.

Su triunfo, en octubre pasado, fue el fruto de una conjunción de factores como el hastío de la población por casos de corrupción como el llamado Lava Jato, en el que se vio involucrado el Partido de los Trabajadores del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, condenado a prisión de 12 años desde abril pasado. También influyeron problemas como la violencia y los malos resultados económicos, que se traducen en una alta desocupación, pues hay más de 12 millones de personas que buscan trabajo, así como el regreso a la pobreza de otros millones más, cuya cifra total ya supera los 50 millones.

A la gente no pareció importarle mucho que Bolsonaro no tuviera una plataforma de reformas económicas, necesarias para la actual coyuntura brasileña. Vieron en sus duras propuestas la redención de sus sueños para que las cosas cambien.

Sus mensajes fueron claros en el sentido de acabar con la herencia de las políticas de izquierda de Lula y su sucesora, Dilma Rousseff, destituida por el Congreso después de iniciar su segundo mandato. Pero también causaron inquietud sus ideas para ampliar la frontera agrícola y ganadera y flexibilizar el castigo a quienes deforesten la Amazonia.

Ya como presidente electo anunció la salida de Brasil del Pacto Mundial para la Migración de Naciones Unidas, y ha amenazado con hacer lo propio con el Acuerdo de París contra el cambio climático, lo cual causa desconcierto.

La igualdad de género no tiene avances. En su gabinete de gobierno, de los 22 ministros –con cinco exmiembros de las Fuerzas Armadas–, solo hay dos mujeres. Además, su vicepresidente es un general retirado, y el jefe de la cartera de Educación es el filósofo y profesor colombiano Ricardo Vélez, quien se nacionalizó en Brasil.

El nuevo mandatario brasileño se ha moderado un tanto desde cuando fue elegido. En su discurso de posesión mantuvo esa postura. “Vamos a valorar la familia, respetar las religiones. (...) a combatir la ideología de género, conservando nuestros valores”. Y dijo estar decidido a “construir una sociedad sin discriminación ni división”. En lo que no transigió fue en que “Brasil volverá a ser un país libre de las amarras ideológicas”, pues con su investidura la nación empieza a “librarse del socialismo”.

Ojalá veamos al presidente del gigante latinoamericano un tanto más mesurado y realista frente a no pocos escollos que lo esperan. En todo caso, cambia el mapa político de América Latina, pues anunció que cortará las ayudas económicas a Cuba y Venezuela y reconfigurará las relaciones con el Tío Sam, del cual se considera su nuevo aliado por su afinidad con el presidente Donald Trump, quien lo felicitó y le dijo que “Estados Unidos está contigo”. Que todo sea por el bien de esa gran nación.

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