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No más pólvora

No más pólvora

El balance de más de mil quemados demuestra que fallaron la prevención y aplicación de las normas.

Vergonzosas son las cifras oficiales de quemados por pólvora en lo que va corrido de las fiestas de fin y principio de año. Nada justifica que aún faltando los desenlaces de otras celebraciones regionales y la de Reyes Magos se contabilicen más de mil víctimas de este tipo ni que, de paso, ya se hayan superado los datos de los reportes de los últimos siete años, en un balance que exige medidas drásticas.

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Aquí no cabe ningún tipo de tolerancia con el uso irresponsable de estos productos que tienen restricciones específicas en términos de fabricación, acopio, transporte, venta y utilización, que, si bien están en manos de alcaldes y gobernadores para hacerlas efectivas, al tenor de los números se nota que han sido laxos en esta tarea.

Algo está fallando de manera grave al evidenciar que entre los lesionados de esta temporada –que han aumentado la cifra con respecto a la del año pasado en más del 51 por ciento– se encuentran 320 menores (31,9 %), muchos de ellos con daños orgánicos que los marcarán de por vida, sin dejar de contar los compromisos emocionales que perjudicarán por extensión su entorno familiar, al que (en no pocos casos) pertenecen los adultos que por acción u omisión les propiciaron la exposición a este riesgo, pese a las reiteradas campañas y las advertidas sanciones que pueden recibir.

Es imperativo que desplieguen todas las acciones necesarias para que en lo que falta de estas fiestas no haya un solo quemado más.

Tampoco es un dato menor que la tercera parte de este inadmisible conteo (331) corresponda a personas que se quemaron bajo los efectos del alcohol y que el número de niños afectados que estaban en compañía de adultos alicorados se haya duplicado con respecto al del año pasado, lo que demuestra un lamentable deterioro de los logros que en responsabilidad y autocuidado se habían obtenido en más de un lustro de esfuerzos por erradicar este flagelo.

El preocupante y doloroso balance deja claro que el llamado al civismo, al respeto y a la puesta en práctica del sentido común por aprovechar estas fechas para compartir en familia con tranquilidad y armonía no ha sido suficiente para erradicar la falsa premisa de que la pólvora es un ingrediente infaltable en las festividades populares. Por ello es hora de echar mano de la normas y aplicarlas con rigor para atenuar esta costumbre que hoy les amarga la existencia a centenares de familias y torpemente enluta a un puñado de ellas.

La Ley 670 de 2001 y el decreto 4481 de 2006 facultan a los mandatarios locales para que, en el ejercicio de las actividades de inspección, vigilancia y control, trabajen de manera articulada con la Policía Nacional y las organizaciones que consideren para regular y limitar el uso de la pólvora en sus jurisdicciones. Dado que la circular 056 –emitida en noviembre pasado por el Ministerio de Salud y en la que les recuerda sus responsabilidades a gobernadores y alcaldes– está vigente hasta el 15 de enero, es imperativo que desplieguen todas las acciones necesarias para que en lo que falta de estas fiestas no haya un solo quemado más por esta causa. Y que no sea cosa de unos días. Que sirva la amarga experiencia para años venideros.

La pólvora solo puede ser usada por expertos y en condiciones controladas. Este concepto es lo único que sobre este producto deben tener claro todos los colombianos.

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