Muertes por encargo

Muertes por encargo

El país debe redoblar esfuerzos para desmantelar las poderosas redes del sicariato.

Por: EDITORIAL
14 de enero 2020 , 07:55 p.m.

Es aterradora, por decir lo menos, la estadística de la Fiscalía General de la Nación según la cual en Colombia cada día, en promedio, mueren asesinadas por sicarios 17 personas.

En un país que durante décadas ha estado asolado por la violencia homicida, y que en los últimos años ha hecho grandes esfuerzos para enderezar el camino, las empresas criminales dedicadas al sicariato representan una de las más grandes amenazas para la seguridad de todos los ciudadanos.

Esta es una escalofriante realidad. El año pasado, los homicidios cometidos en Colombia fueron 12.277, según las estadísticas oficiales. Los asesinos ‘profesionales’, esos temibles gatilleros a sueldo, fueron responsables en al menos 6.466 casos, más de la mitad del total. Son muertes funcionales a los intereses de sectores criminales, especialmente las mafias del narcotráfico, que recurren a bandas especializadas en vender ese macabro servicio.

Son muertes funcionales a
los intereses de sectores criminales, especialmente las mafias del narcotráfico

Cali y Medellín, donde viejas estructuras delincuenciales que en su momento trabajaron para los antiguos carteles siguen operando, son los centros urbanos más golpeados por esta modalidad criminal. Y hay regiones, como Nariño (357 víctimas), Córdoba (330) y Cauca (321), en las que el número de asesinatos cometidos por sicarios ha venido aumentando sostenidamente, de la mano del crecimiento de los cultivos ilícitos y la minería ilegal. En Bogotá, ciudad que ha marcado la pauta en políticas públicas para reducir el homicidio, los sicarios asesinaron a 284 personas en el 2019.

Medidas como la restricción del porte de armas de fuego, la llamada hora zanahoria y las campañas contra la intolerancia sin duda han servido y servirán en el esfuerzo de llegar a un país con cifras ‘normales’ en materia de violencia. Colombia lo ha estado haciendo juiciosamente desde comienzos del milenio, y por eso nos hemos venido alejando de los deshonrosos primeros lugares –en los que desafortunadamente siguen estando varias naciones vecinas– en el escalafón mundial de asesinatos.

Pero enfrentar a las organizaciones profesionales dedicadas a matar requiere estrategias mucho más complejas. Estas van desde debilitar, como se ha hecho, las grandes mafias –incluidos los grupos armados ilegales– que históricamente han comprado sus servicios hasta la creación de equipos policiales y judiciales dedicados única y exclusivamente a poner fuera de circulación a delincuentes que tienen encima diez o más asesinatos, y que por años han logrado escapar de la justicia o que entran y salen de la cárcel, aprovechando los muchos huecos de nuestro sistema penal.

Colombia ha librado con éxito –lo cual no equivale a decir que la amenaza haya concluido– dolorosas batallas contra los carteles de la droga, los actores del conflicto armado y las tenebrosas bandas que manejaban el secuestro en el territorio nacional. Con las redes del sicariato y sus grandes capos debe repetirse esa historia. Hay que redoblar esfuerzos a todo nivel. Desmantelar los poderosos carteles, insistimos, ayudará mucho a bajar estas dolorosas e intolerables cifras y reducir la impunidad.

editorial@eltiempo.com

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