Minimizar los riesgos

Minimizar los riesgos

La Corte abrió una ventana para que la aspersión aérea regrese, sin descartar sus exigencias previas

Por: EDITORIAL 
18 de julio 2019 , 08:37 p.m.

Ayer terminó la expectativa que existía por lo que pudiera plantear la Corte Constitucional sobre la permanencia o no de las exigencias que esta hizo en 2017 para que en Colombia se pueda asperjar cultivos de coca con el herbicida glifosato.

En su pronunciamiento, el alto tribunal recordó que los requisitos que fijó siguen vigentes. También requirió a las autoridades designadas por el Consejo Nacional de Estupefacientes para que terminen “a la mayor brevedad” el procedimiento de consulta con las comunidades y el Consejo Comunitario Mayor de Nóvita, Chocó. La sentencia que prohibió el uso de esta herramienta resolvió una tutela interpuesta por estas comunidades buscando proteger su derecho a ser consultadas.

Hasta aquí, lo decidido por los togados apuntaría a que el actual estado de cosas continuaría y haría falta todavía ese estudio científico que de manera “objetiva y concluyente demuestre ausencia de daño para la salud y el medioambiente”.

El tribunal también fue claro en que cualquier paso que se dé tiene que seguir la hoja de ruta que en este campo fijó el acuerdo de paz con las Farc

Pero en el tercer punto del auto, la Corte hace una precisión sobre este último aspecto, y es la que contiene la principal novedad. Plantea que la mencionada ausencia de daño para la salud y el medioambiente “no equivale a demostrar, por una parte, que existe certeza absoluta sobre la ausencia del daño. Tampoco equivale a demostrar que la ausencia de daño es absoluta, o que la actividad no plantea ningún riesgo absoluto”.

Este aspecto es crucial, pues así, la Corte –dicho coloquialmente– corre la cerca. Ahora será tarea del Consejo Nacional de Estupefacientes tomar la decisión de autorizar el regreso de los aviones fumigadores con el deber, sí, de “considerar toda la evidencia científica disponible en lo que se refiere a la minimización de los riesgos para la salud”, pero ya no con la obligación de demostrar de manera concluyente que el glifosato no implica un riesgo para la salud y el ambiente. De acuerdo con la nueva realidad que abre este pronunciamiento, la evidencia científica utilizada debe apuntar a minimizar los riesgos.

Eso sí, cualquier paso que el Ejecutivo dé en este sentido tiene que hacerse por la senda del acuerdo de paz con las Farc, tal y como lo reiteró ayer el magistrado ponente de la decisión, Alberto Rojas. Esto significa, en plata blanca, que primero debe intentarse acordar con las comunidades la erradicación voluntaria; solo después, en caso de no haber voluntad, podría venir la erradicación forzada y, eventualmente, la que se haga por vía aérea con glifosato, arma a la que en un escenario así el Estado no puede renunciar, según quedó en lo pactado.

Esto último es lo sustancial. Hay que respaldar la decisión de la Corte. La razón es que, de una forma responsable y realista, no cierra con llave y doble tranca la posibilidad de que el Estado recurra a un arma que puede ser efectiva ante la amenaza en todo sentido que representa el crecimiento desbordado de los cultivos de coca. Que, con las precauciones debidas que ya enumeró el alto tribunal, está llamada a ser una herramienta más de una estrategia que para que sea eficaz, y duraderos sus resultados, tiene que ser integral.

editorial@eltiempo.com

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