Mejor que los demás

Mejor que los demás

El crecimiento del PIB del país en el tercer trimestre es bueno, dadas las circunstancias.

Por: EDITORIAL
14 de noviembre 2019 , 07:47 p.m.

Que la economía colombiana se destaca en el contexto regional y global volvió a confirmarse ayer, después de que el Dane entregó su reporte respecto al producto interno bruto (PIB) durante el tercer trimestre del presente año. Según la entidad, la expansión del indicador alcanzó un ritmo del 3,3 por ciento anual, una cifra más que aceptable en las actuales circunstancias.

Vale la pena recordar que hace un mes, el Fondo Monetario Internacional hizo sonar sus alarmas ante un fenómeno de desaceleración que se siente en los cinco continentes. La ralentización es particularmente fuerte en América Latina, cuyo avance en 2019 apenas sería de 0,2 por ciento, y eso sin hablar del impacto reciente de las turbulencias sobre la actividad productiva en varias naciones del área.

Tal como están las cosas, el nuestro es el país con la tasa más alta de crecimiento entre los de tamaño comparable o superior en esta parte del planeta. Además, somos los únicos que venimos ganando en velocidad respecto a 2018.

El motivo de dicha progresión es la fortaleza del consumo de los hogares, convertido en el principal motor del desempeño económico. A ello se suma la buena marcha de la formación bruta de capital fijo, equiparable a la inversión privada, de cuya evolución se desprende que el clima entre los empresarios es positivo.

La economía colombiana se destaca a nivel global y regional, pero esto no debe ser motivo de autocomplacencia

La fortaleza relativa de la demanda se comprueba en los partes entregados por algunos sectores. Así, el comercio registró un incremento superior al 6 por ciento entre julio y septiembre. A su vez, el transporte –comenzando por el aéreo– reflejó el vigor de una mayor capacidad de compra, que se traduce en más pasajeros y carga movilizada.

Todo apunta a que la cita electoral de finales de octubre dio lugar a mayores gastos de las administraciones departamentales y municipales, que apuntalaron el consumo público. De otro lado, el ramo financiero se benefició de la reactivación del crédito y la valorización de los papeles en los que invierte.

Como es usual en estos casos, no todos los segmentos entregaron un balance favorable. Tanto la agricultura como la industria van por debajo del promedio. Las exportaciones tampoco van bien, no obstante lo ocurrido con la tasa de cambio.

Sin embargo, nada se compara con el desplome del ramo edificador: 11 por ciento, peor que las apuestas más pesimistas. Es evidente que un renglón que es fundamental por sus encadenamientos industriales y su capacidad de generar empleo requiere un plan de choque. De no ser porque las obras de infraestructura actuaron como salvavidas, el panorama de la construcción habría sido desastroso.

En conclusión, hay que alegrarse por la marcha de una economía que se compara favorablemente con las demás, sin caer en la autocomplacencia. Si las cosas siguen como van, el último trimestre de 2019 debería mostrar una mejora adicional, que seguiría el año próximo.

Para que eso se cumpla es obligatorio superar la incertidumbre sobre la viabilidad de la reforma tributaria en el Congreso y evitar el contagio de la agitación social desbordada, que nos puede salir muy costosa. Solo así seguiremos siendo la excepción en América Latina.

editorial@eltiempo.com

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