Más y más carros

Más y más carros

El crecimiento acelerado del parque automotor de Bogotá obliga a apostarle al transporte público.

Por: EDITORIAL 
02 de mayo 2019 , 07:38 p.m.

El vencimiento, hoy, del primer plazo para el pago del impuesto de vehículos coincide con la revelación de datos francamente inquietantes sobre el aumento del parque automotor en Bogotá. Este ha crecido, según Bogotá Cómo Vamos, en un 24 por ciento para los automóviles y 62 por ciento para las camionetas en los últimos cinco años.

Este fenómeno es resultado de la confluencia de muchos factores. Entre ellos, y desempeñando un papel determinante, el auge de aplicaciones como Uber o Cabify. El dato de las camionetas, sorprendente por donde se lo mire, tiene mucho que ver con que este tipo de vehículo fue el preferido por quienes comenzaron a sacar provecho de esta herramienta digital en sus comienzos. En particular, aquellas de color blanco y placa del mismo color, que hasta hace muy poco estuvieron exentas de pico y placa.

Luego de este auge vino el de nuevos servicios que, como el de UberX, permiten el pago en efectivo y se prestan en cualquier carro. Esto, agregado al poco control de las autoridades, tiene mucho que ver en lo que está ocurriendo. Por el lado de las motos, el crecimiento es similar al de los automóviles: 23 por ciento, y con visos de mantener el ritmo.

Es vital que haya reglas claras para todos, y urge poner fin a la informalidad, senda que solo conduce al caos.

La suma de todo lo anterior muestra un panorama de vías saturadas y aumento acelerado en los tiempos de desplazamiento. Está además el problema de los espacios, como bahías, bermas e, incluso, carriles de vías –por no mencionar las aceras y plazoletas–, invadidas por conductores a la espera de pasajeros.

Guarismos como estos pueden ser interpretados como una señal positiva en términos de dinamismo de la economía, optimismo que se agota rápidamente al constatar que Bogotá no cuenta con la infraestructura para albergar tal cantidad de automóviles y motocicletas, y tal saturación pasa rápidamente factura en la calidad de vida de los bogotanos.

De seguir así las cosas, cualquier esfuerzo que se haga por construir más y mejores vías tendrá mínimo impacto. En general, no pocos expertos coinciden en que cuanta mayor infraestructura, mayor ocupación. Ante tal realidad, lo sensato sigue siendo la apuesta por un transporte público eficiente y, al tiempo, por un tipo de innovación en movilidad que beneficie a todos, para lo cual es vital que haya reglas claras y poner fin a la informalidad, senda que solo conduce al caos.

Los cables aéreos, el metro, las nuevas troncales de TransMilenio y la reingeniería del SITP tienen que ser prioridad. Se trata de crear las condiciones materiales para un cambio cultural que permita que el automóvil sea visto como una herramienta de movilidad para usarse de modo racional y compartido. Todo esto bajo un marco legal claro, con normas que creen estímulos en este sentido y permitan fijar un norte claro hacia el cual avanzar.

Urgen nuevas formas de pensar la movilidad, que entiendan sus desafíos como un problema colectivo en el que no puede imperar la lógica del ‘sálvese quien pueda’. Nadie se opone a que el sector crezca, pero ese no es el debate, sino la manera como nos comportamos frente al carro.

editorial@eltiempo.com

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