Males que nos aquejan

Males que nos aquejan

La Organización Mundial de la Salud dio un buen paso frente a los síndromes laborales.

Por: EDITORIAL 
31 de mayo 2019 , 08:14 p.m.

La Organización Mundial de la Salud acaba de aprobar, en su Asamblea Mundial, después de diez años de revisión, la decimaprimera revisión de la clasificación internacional de enfermedades (CIE-11), que contiene 55.000 códigos únicos para traumatismos, enfermedades y causas de muerte, los cuales serán la guía para estos temas en todo el mundo.

Esta nueva revisión refleja los avances médicos y los progresos en la comprensión científica de los males que afectan a la gente, a tal punto que puede ser utilizada con fines diagnósticos, terapéuticos, estadísticos, sanitarios y hasta administrativos. Debe resaltarse que existen nuevos capítulos que resultan llamativos, unos por audaces, otros por necesarios y algunos porque la práctica ya los había oficializado.

La inclusión de la medicina tradicional, clasificaciones específicas para la salud sexual –que incluye con certeza la “incongruencia de género”, antes registrada como afección mental–, la consideración de la adicción a los videojuegos como una enfermedad autónoma y la aceptación de la debatida alienación parental son buenos ejemplos de lo logrado.

Ojalá el país tome en serio
un montón de enfermedades que, no obstante estar reconocidas, se mantienen ocultas.

En ese contexto, también es relevante que, a partir de la fecha, el síndrome del ‘trabajador quemado’ (burnout) se considere un mal autónomo, asociado al trabajo y el desempleo. Este trastorno, relacionado con el estrés crónico en los espacios laborales, ya figuraba en revisiones anteriores de estos catálogos como un epígrafe inconcreto, pero a partir del 2022 se convertirá en una enfermedad profesional con todas las de la ley.

Y esto no es menor, porque el síndrome de desgaste asociado al impacto crónico de las emociones negativas en el trabajo, caracterizado por una despersonalización de las tareas, bajo rendimiento, irritabilidad, cansancio, insomnio y cinismo laboral (no hacer nada), que según las estadísticas puede comprometer a 1 de cada 10 trabajadores y en sus manifestaciones graves llegar al 5 por ciento, es un mal que clamaba ser tenido en cuenta. Los expertos ven con buenos ojos este cambio de la OMS, ya que, además de visibilizar un problema latente, atacará de frente el sub-registro y las injusticias que padecen los afectados, que terminan sufriendo en silencio, con consecuencias devastadoras.

Hay que ser claros. El burnout no es una enfermedad profesional en Colombia, por lo cual resulta imperativo abrir el camino para modificar las normas que permitan su incorporación en el listado oficial de patologías laborales.

Esto a la par de que se instruyan médicos y calificadores de origen, así como la definición de rutas terapéuticas y la elaboración de los imperiosos ajustes en aseguramiento, prevención, manejo de los factores de riesgo y, por supuesto, las definiciones financieras, para cumplir con incapacidades, indemnizaciones y las pensiones derivadas de esta patología.

Un buen paso, impulsado por la OMS, que ojalá empuje, para que el país también tome en serio un montón de enfermedades que, no obstante estar reconocidas, se mantienen ocultas a causa de intereses indebidos.

La palabra la tienen los ministerios de Salud y del Trabajo, las ARL, los empresarios y, claro está, los trabajadores.

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