Maduro, imputado

Maduro, imputado

La decisión de ponerle precio a la cabeza del dictador venezolano sacude en mal momento a la región.

Por: Editorial
26 de marzo 2020 , 07:25 p.m.

Muy serias y contundentes deben ser las pruebas que tiene la justicia de Estados Unidos para haber dado el trascendental paso de imputar al gobernante venezolano Nicolás Maduro cargos de “conspiración narcoterrorista”.

O, para decirlo en términos de uno de los fiscales que maneja la acusación, de intentar “inundar Estados Unidos con cocaína” en alianza, antes con la desmovilizada guerrilla colombiana de las Farc y ahora con disidencias lideradas por alias Iván Márquez y Jesús Santrich.

El haber fijado una recompensa de 15 millones de dólares para quien dé información que permita su captura, pone al dictador chavista al nivel de algunos de los más perseguidos capos del narcotráfico mundial. Solo para citar un ejemplo, la oferta por Joaquín ‘Chapo’ Guzmán apenas si llegó a 8,5 millones de dólares, sumados los gobiernos estadounidense y mexicano.

De esta forma se enreda mucho más la idea, apoyada por varios países, de buscar una salida negociada con el régimen
chavista.

Estamos hablando de un ‘jefe de Estado’, que así no sea reconocido ni por Washington ni por más de una cincuentena de capitales’, está siendo objeto de un inquietante señalamiento. Para Washington, Maduro es el capo del denominado ‘cartel de los Soles’, un grupo de militares venezolanos de alto rango que a través de enlaces en el Caribe y en países centroamericanos, como Honduras, ha logrado mover toneladas de cocaína rumbo a ese país. Y ese cargo, en caso de ser culpable, da mínimo 20 años de prisión, hasta cadena perpetua.

Es pertinente, por tanto, recordar el antecedente más cercano en el tiempo y geográficamente: un fiscal de Miami acusó por narcotráfico al ‘ex hombre fuerte’ de Panamá Manuel Antonio Noriega, entre otras razones por sus tratos con el cartel de Medellín. Durante la invasión estadounidense de 1989, Noriega fue detenido, y luego juzgado y condenado a pagar su pena en una cárcel de la Florida.

Las acusaciones y/o recompensas no van solo contra Maduro, sino contra su más cercano círculo de poder, que incluye a otras 14 personas, entre ellas el número dos del chavismo, Diosdado Cabello; el vicepresidente económico, Tarek el Aisami, y el ministro de Defensa, general Vladimir Padrino. También, por supuesto, contra los dos colombianos.

Esto, en cuanto al plano judicial. Pero en lo político, las repercusiones son enormes. Por una parte, se enreda mucho más la idea, apoyada por varios países, de buscar una salida negociada con el régimen de Maduro, dada la gravedad de la acusación. En el evento de un acuerdo de Maduro con la oposición, el proceso por narcotráfico en EE. UU. seguiría vivo, constituyéndose en un obstáculo difícil de salvar.

Lo otro, por supuesto, es que eleva aún más las tensiones entre Bogotá y Caracas, bien caldeadas desde hace tiempo por Maduro y sus denuncias de complots e invasiones. Más allá de todas estas consideraciones y de la insoslayable gravedad del hecho, la gran pregunta que queda es si este era el tiempo oportuno para lanzar semejante bomba judicial. Cuando tanto EE. UU. como Venezuela y Colombia están luchando contra un enemigo mayor frente al cual el poder desestabilizador de Maduro es apenas un mal chiste: el nuevo coronavirus.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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