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Machismo estructural

Machismo estructural

Las mujeres víctimas de agresiones de género siguen expuestas a una justicia que revictimiza.

En Colombia, cada día 265 mujeres son víctimas de algún tipo de violencia. Desde maltrato sicológico hasta feminicidio: asesinadas por sus parejas o personas cercanas por el simple hecho de ser mujeres. Es una cifra vergonzosa que hay que traer a colación hoy, 'Día internacional para la eliminación de la violencia contra la mujer'.

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Leily Vanegas, de 29 años, es parte de una de estas cifras de violencia; pasó de ser víctima a victimaria por la inoperancia, el desconocimiento del enfoque de género y la falta de empatía de los operadores de justicia, con un tema que sigue afectando a miles de personas al año. El 5 de junio de 2015, su expareja le propinó una brutal golpiza que la envió al hospital y la dejó 45 días con incapacidad médica. Su victimario, que fue capturado en flagrancia y aceptó los cargos, recibió una condena de 65 meses de prisión y desde la cárcel la denunció por violencia intrafamiliar, aunque existen los documentos y registros en la Fiscalía y en otras instancias en los que constan los repetidos ataques que ella sufría a manos de Santiago Garavito Castellanos.

Ayer, un juez decidió darle la razón y condenó, insólitamente, a cuatro años de prisión a Leily, quien hoy sufre estrés postraumático y tiene secuelas físicas de todas las agresiones. Sin contar las repercusiones para sus hijas, que quedarán solas.

Es hora de preguntarse por qué una de las peores afectaciones en salud pública en el mundo sigue mostrando cifras aterradoras.

Este es solo un ejemplo de los centenares de casos de la segunda violencia que deben enfrentar las mujeres víctimas de la agresión de género, la de la justicia mal aplicada o inexistente, que alcanza índices de impunidad vergonzantes. En los casos de violencia intrafamiliar, más del 74 por ciento; violencia sexual en el marco del conflicto armado, 98 por ciento, y en los episodios ordinarios ocurridos en la calle, la casa, la oficina o el transporte público, el 92 por ciento. Sin mencionar las cifras de impunidad de feminicidio, porque ni siquiera hay datos exactos y reales de los asesinatos de mujeres por su condición de género, ya que hasta en la calificación del delito hay machismo. Todavía seguimos escuchando argumentos de jueces, fiscales y comisarios de familia que ponen la carga de la culpa en las víctimas porque "quién sabe qué estaría haciendo", o "ella se lo buscó". En los casos más desafortunados, porque casi siempre terminan en feminicidio, las envían a conciliar con quien horas atrás les ha destrozado el rostro.

De los 164 feminicidios que la campaña No Es Hora De Callar tiene registrados en lo corrido del 2021, más de la mitad de las víctimas habían acudido a una comisaría de familia buscando ayuda, o llevaron denuncias contra su victimario en más de dos ocasiones, en las que siempre hubo agresión física.

Sin olvidar que durante la pandemia la violencia intrafamiliar se incrementó en un 288 por ciento, según las estadísticas de las autoridades y de Naciones Unidas. Y en el 86 por ciento de los casos, las afectadas son mujeres.

Tan impresionante panorama nos debe servir en esta fecha para hacer un acto de reflexión, desde todos los sectores, sobre qué estamos haciendo mal y qué no estamos haciendo, para frenar una de las peores afectaciones en salud pública a nivel mundial: la violencia de género.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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