Los simbolismos de Mockus

Los simbolismos de Mockus

Le molesta la incultura, lo irrita la falta de atención de los auditorios a quien expone.

Por: EDITORIAL
23 de julio 2018 , 02:39 p.m.

El hoy senador y líder del partido Alianza Verde Antanas Mockus tiene una personalidad particular. Es un hombre que a lo largo de su vida no ha pasado desapercibido no solo por sus ejecutorias –ya como rector de la Universidad Nacional, como alcalde de Bogotá, en dos ocasiones, o como político, disputando, inclusive con gran acogida, la presidencia del país–, sino por su estilo personal, muchas veces lleno de simbolismos y excentricidades.

A este filósofo y matemático hay que reconocerle que sus mensajes de cultura ciudadana, especialmente como alcalde de la capital del país, calaron en el alma social. Mensajes que hoy –cuando la agresión o el pasarse las normas por la faja son moneda común– se echan de menos. Al dirigente le molestan la incultura, el irrespeto hacia el otro, hacia lo ajeno; lo irrita la falta de atención de los auditorios a quien expone.

Para ello ha recurrido al hecho de bajarse los pantalones para hacerse oír. Y ahí se destapa la polémica, porque este no es precisamente un acto de cultura. Lo hizo en 1993 en el auditorio de la U. Nacional cuando los estudiantes no lo dejaban hablar. Y lo repite ahora, nada menos que en el recinto del Senado de la República, en la sesión inaugural, el pasado 20 de julio, en busca de obligar a los congresistas a ponerle atención al último discurso del presidente de la corporación, Efraín Cepeda, después de intentarlo con otras gesticulaciones y llamados.

Es comprensible la molestia de Mockus. Y él precisó que no se le ocurrió otra cosa en ese momento. “Es una costumbre que hay que cambiar, y las costumbres se cambian, a veces, con intervenciones puntuales que tratan de ser pedagógicas”.

Pero también debe cambiar él ese hábito, más cuando se pisan recintos sagrados de la democracia y se está ante la prensa nacional y mundial y el mensaje puede resultar contraproducente: en vez de culto, un tanto grotesco.

El respetable senador debe hallar otras maneras de llamar la atención. Quizás más bien amarrándose mejor los pantalones.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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