Llegó la hora de actuar

Llegó la hora de actuar

Davos dejó claro que el cambio climático y la desigualdad son hoy los grandes desafíos.

Por: Editorial
25 de enero 2020 , 10:56 p.m.

Es posible que la controversia sobre su verdadera utilidad nunca concluya, pero resulta difícil cuestionar que la reunión del Foro Económico Mundial (FEM), que tiene lugar todos los años por esta época en Davos (Suiza), despierta un inmenso interés en el planeta. Así volvió a ocurrir con la edición que concluyó el viernes, en la que se examinaron temas de enorme trascendencia.

Más allá de las críticas que se le puedan hacer a un evento al cual es difícil acceder, a menos que quien llegue hasta ese lugar represente a una empresa dispuesta a gastar una pequeña fortuna, forme parte de una delegación oficial o reciba una invitación gracias a sus méritos académicos o de emprendimiento social, el encuentro no tiene paralelo. Juntar bajo un mismo techo a los líderes del sector privado con medio centenar de jefes de Estado o de Gobierno y decenas de personas brillantes de diversas disciplinas tiene mucho de singular.

Pero, aparte de esas características, lo destacable en la presente ocasión fue haber puesto dos asuntos claves sobre la mesa: el capitalismo de las partes interesadas y la adopción de un modelo sostenible por el sector empresarial. Aunque ambos conceptos pueden sonar distantes, no lo son.

El primero está relacionado con la necesidad de que las compañías privadas miren más allá de su ámbito inmediato y se preocupen por lo que dicen sus respectivos estados financieros, pero también por el bienestar de sus empleados o la calidad de vida en las comunidades donde operan, entre otros asuntos. Si bien la idea había sido propuesta por el profesor Klaus Schwab –fundador y motor del FEM– hace medio siglo, durante mucho tiempo imperó el concepto según el cual el objetivo exclusivo de cualquier firma es maximizar sus utilidades, en pro de sus accionistas. No obstante, la ola de inconformidad que recorre el mundo, debido al aumento de la desigualdad, es un campanazo de alerta. El gran temor es que, ya sea a través de la protesta en las calles o en las urnas, tomen fuerza salidas de tono populista que acabarían empobreciendo las sociedades en donde están vigentes los principios de la economía de mercado.

Las encuestas muestran que el prestigio de las empresas viene descendiendo, quizás por lo que algunos describen como un exceso de codicia que abarca minimizar el pago de impuestos o las remuneraciones a los trabajadores. Más que alcanzar el máximo posible, la línea usual es concentrarse en el mínimo requerido. En Davos se dijo con franqueza que la legitimidad del capitalismo depende de que las personas consideren que dicho sistema no solo es el mejor a la hora de crear riqueza, sino prosperidad en general.

Bajo un concepto más incluyente, surge el segundo punto: la urgencia de tomar acciones decididas para contener el calentamiento global. Las estadísticas confirman que la década que acaba de terminar mostró las mayores temperaturas desde cuando se empezaron a llevar registros.

Tragedias recientes como los incendios que devastaron una amplia zona de Australia demuestran, incluso a los escépticos, que la humanidad no se puede cruzar de brazos ante el peligro de que el termómetro siga en aumento. Un alza del nivel de los mares o la alteración de los patrones de lluvia amenazan con afectar la vida de cientos de millones de individuos.

Ocupar el espacio que nos corresponde en los escenarios internacionales es la decisión correcta. El presidente Duque logró fortalecer relaciones, intervenir en debates fundamentales y atraer inversión

Si bien falta un largo trecho por recorrer, empieza a notarse una actitud diferente entre las grandes firmas. Ya sea por convencimiento de sus directivos o porque el público lo exige, hay mucha mayor conciencia de que llegó la hora de actuar, lo cual deberá expresarse en una adopción más rápida de las tecnologías limpias. Tanto en esta como en otras materias, Colombia llegó con una buena historia a Davos. Como van las cosas, el país multiplicará por cincuenta su capacidad instalada de generación de electricidad con base en plantas eólicas o solares de aquí a 2022. Además, se ratificó el compromiso de sembrar 180 millones de árboles en este cuatrienio, que encaja con el pacto global de plantar un billón.

En ese y otros frentes, la presencia de Iván Duque fue bien recibida. Justo cuando los países más grandes de América Latina parecen replegarse de los escenarios internacionales, ocupar el espacio que nos corresponde es la decisión correcta. Aunque nunca faltarán las voces parroquiales que cuestionan los viajes presidenciales, el esfuerzo de cruzar el Atlántico con el fin de fortalecer relaciones políticas, intervenir en debates fundamentales y atraer inversionistas está plenamente justificado.

Asimismo, hay que hacer votos para que las semillas en favor de un empresariado más comprometido con la solución de los grandes problemas nacionales y la defensa de nuestra biodiversidad también caigan en tierra fértil. Así se lograría que el mensaje nacido en los Alpes llegue hasta los Andes.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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