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Liderazgo oportuno

Liderazgo oportuno

Con enormes retos, Estados Unidos vuelve a ser faro en la crisis climática.

Como un bálsamo para la angustia que en gran parte de la humanidad produce cada nuevo llamado a acelerar tanto como sea posible la disminución de emisiones de gases causantes del calentamiento global cayó lo planteado por el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, en la cumbre sobre el clima convocada por su país el jueves pasado, Día de la Tierra. Y es que no hay ser humano que no sea vulnerable a las gravísimas consecuencias de que la temperatura promedio del planeta aumente más de dos grados centígrados en relación con los niveles preindustriales, como lo pretende el Acuerdo de París.

Quiso, además, el destino que este evento tuviera lugar al mismo tiempo que Biden completa sus primeros cien días en la Oficina Oval. Tiempo en el que ha dejado en claro su intención de marcar una fuerte ruptura con su antecesor, Donald Trump, y trazar un nuevo rumbo para su país en asuntos claves como la forma de abordar la pandemia, la migración, la mayor inclusión de las minorías y el calentamiento global, causante de la crisis climática.

La reunión, que se celebró de manera virtual –y en la que Colombia participó a través del presidente Iván Duque, quien anunció que la meta de reducción de emisiones a 2030 del país es del 51 por ciento–, confirmó que una de las grandes apuestas de Biden es asumir un liderazgo global en este frente, incluso más decidido y ambicioso que el que en su momento ejerció Barack Obama. Prueba de lo anterior es su propósito de duplicar la meta que su país se había fijado en 2015, año de la firma del Acuerdo de París, en materia de reducción de emisiones para 2030 con respecto a 2005, pasando de entre 26 y 28 por ciento a 50 por ciento. Hay que añadir su anuncio de la creación de un fondo de crédito internacional que financiará los costos de la transición hacia fuentes renovables y el propósito expresado de desestimular al máximo el uso del carbón. A este respecto, habló incluso de lograr que para 2035 toda la matriz energética de su país esté libre del mineral. Así mismo, el nombramiento del ex secretario de Estado John Kerry como “enviado especial” para el cambio climático con rango de ministro confirma lo varias veces expresado por el mandatario sobre el trato prioritario que le dará a este problema.

Impulsa también el viento de optimismo el reciente acuerdo de los países que conforman la Unión Europea para que el compromiso adquirido de tiempo atrás por el bloque de reducir emisiones en un 55 por ciento con relación a 1990 quede consignado en una ley.

La urgencia de hacer el tránsito a fuentes de energía con menor huella en el ambiente para evitar los escenarios catastróficos que los científicos vienen anunciando exige el compromiso de los principales emisores, pero también su liderazgo. De ahí la importancia de Estados Unidos, que es, detrás de China, la segunda nación que más gases de efecto invernadero envía a la atmósfera (13 % del total). Se acaba así la soledad de la Unión Europea en la cabeza de esta urgente causa, situación que se vivió en los cuatro años de la administración Trump, negacionista del fenómeno.

Se trata no solo de reducir emisiones, sino de lograr que la humanidad haga el tránsito a una economía que parta de la premisa de que los recursos naturales son limitados

Lo que el mundo espera ahora es que estas voluntades no sean efímeras, que se consoliden y se traduzcan en acciones concretas y efectivas. Se trata no solo de reducir emisiones, sino de lograr que la humanidad haga el tránsito a una economía que parta de la premisa de que los recursos naturales son limitados. Algo tan importante como dejar atrás la idea de que el bienestar y, más aún, la supervivencia de la humanidad están desligados de los de las demás especies. Al contrario, urge asumir la interdependencia de todas las formas de vida como principio rector de cualquier modelo de desarrollo.

En este propósito no la tendrá fácil Biden. Desgraciadamente, el debate sobre la crisis climática es hoy rehén de la polarización que divide en dos al país del norte. No existe aún, y parece lejano todavía, un consenso mínimo con los republicanos al respecto, y sin los votos de estos en el Congreso le será difícil al presidente conseguir la financiación que su ambiciosa agenda requiere. El que una parte importante de los estadounidenses se resistan a aceptar la evidencia científica implica también el riesgo de que en 2025 llegue a la Casa Blanca un presidente con esta visión que eche para atrás lo que Biden alcance a avanzar.

En el fondo, la perspectiva de un cambio brusco que pueda dejar a muchos como perdedores es lo que hace que líderes y empresarios en Estados Unidos y en otros países todavía se resistan a apoyar medidas como las anunciadas el jueves. Por eso, la clave está en garantizar que esta transición sea una fuente de oportunidades laborales, un dinamizador de la economía en tiempos de profunda crisis. Visto así, estaríamos ante un escenario en el que ganamos todos, al tiempo que sobrevive la especie y se enruta hacia un futuro que será capaz de traducir en hechos nuestras responsabilidades con un planeta en riesgo.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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