Las palabras de Duque

Las palabras de Duque

La alocución del nuevo mandatario tuvo como elemento central un oportuno llamado a la unidad.

08 de agosto 2018 , 12:03 a.m.

En una ceremonia en la que los vientos de agosto fueron inesperados protagonistas, asumió ayer la presidencia de la República Iván Duque Márquez.

El acto central de la toma de posesión fue el esperado discurso del nuevo mandatario, pieza de oratoria que suele trazar las líneas gruesas de los jefes de Estado al llegar al cargo y también es una suerte de declaración de principios. La alocución pronunciada ayer por el sucesor de Juan Manuel Santos tuvo como elemento central un oportuno y bienvenido llamado a la unidad, a superar las rencillas y fracturas del pasado aprovechando el relevo generacional que él encarna. Para ello invitó a un gran pacto por Colombia.

Palabras conciliadoras y optimistas que contrastaron con la desafortunada intervención previa del presidente del Congreso, el senador del Centro Democrático Ernesto Macías. Su discurso, agresivo y revanchista, estuvo en las antípodas del espíritu de renovación incluyente y sin rencores que marcó las palabras del nuevo jefe del Ejecutivo.

De vuelta al discurso presidencial, este tuvo a bien exaltar rasgos que nos unen como nación, entre ellos la resiliencia –capacidad de salir fortalecidos tras episodios incluso traumáticos– para reforzar su idea de que es mejor concentrarse en lo que nos une como nación que en todo aquello que en el pasado ha sido factor de división.

Es anhelo de todos que la gestión del presidente sea exitosa y que logre, como lo anunció, gobernar "libre de odios, revanchas y mezquindades"

Un elemento meritorio fue el reconocimiento de logros fundamentales que, como la reducción de la pobreza, la expansión de la clase media y una cobertura en salud y educación, deben ser salvaguardados.

También dejó asomar prioridades. Anunció la radicación de un acto legislativo para que en la Constitución quede claro que ni el secuestro ni el narcotráfico pueden ser delitos conexos a delitos políticos, concretando así la que fuera una de sus promesas centrales de campaña, que, a su vez, tiene que ver con los ‘ajustes’ que anunció para los acuerdos logrados entre el Gobierno y las Farc.

Asimismo, Duque se refirió a un paquete de medidas contra la corrupción que coinciden ampliamente con el contenido de la consulta popular –para sorpresa de sus promotores–, que se realizará el próximo 26 de agosto, y a la inminencia de la necesaria reforma de la justicia. Tal y como lo prometió como candidato, habló de una reforma para reducir los impuestos de los generadores de empleo, así como de un pacto por el emprendimiento en el marco del fomento a las industrias creativas, que con la denominación de economía naranja han sido su gran bandera durante su vida pública.

Igualmente, habló de una revisión “responsable, prudente y completa” –es de esperarse que así sea– a lo avanzado hasta ahora en el proceso de paz con el Eln.
En líneas generales, lo expresado ayer por el nuevo jefe de Estado invita a una mirada optimista, pero con los debidos polos a tierra. Es el anhelo de todos que la gestión de Iván Duque sea exitosa y que logre, como él mismo lo anunció y para bien de las nuevas generaciones, gobernar “libre de odios, revanchas y mezquindades”.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com

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