Lamento boliviano

Lamento boliviano

El fallo de la CIJ, que favorece a Chile, es un revés para Evo Morales, pero es claro y contundente.

02 de octubre 2018 , 12:00 a.m.

El mar para Bolivia está cada vez más lejos. La Corte Internacional de Justicia (CIJ) falló este lunes que Chile no está obligado a negociar con La Paz un acceso soberano al océano Pacífico, un durísimo revés para el presidente Evo Morales, quien cometió el error de mezclar el clamor y el anhelo nacional de dejar de ser un país mediterráneo (con Paraguay, son los únicos dos que no tienen mar en la región) con su ambición personal de eternizarse en el poder.

Morales basaba su estrategia para un cuarto mandato en el éxito de su demanda ante el tribunal internacional de La Haya, y elevó de manera inverosímil las expectativas en torno a un buen resultado, hasta el punto de asegurar, horas antes de la lectura del fallo –al que asistió en la sede del tribunal–, que les daría a los bolivianos buenas noticias.

No fue así, y ahora tendrá que lidiar con una creciente frustración de la ciudadanía. Prometer seguir en la lucha e intentar renovar las esperanzas con recursos en otros escenarios es el camino que parece haber elegido, pues el derecho de Bolivia a un acceso al mar es “irrenunciable”, según se le escuchó decir al vicepresidente Álvaro García Linera.

Más allá de que siga o no su reclamación, qué bueno sería que Bolivia rompiera el paradigma y
se dedicara a estrechar los lazos con Chile.

Pero, sin duda, lo sucedido ayer en La Haya es un golpe profundo a su deseo reeleccionista y al alma nacional, a lo que se suma que el fallo fue claro y contundente, como pocos de la CIJ: 12 votos a favor de la parte chilena, 3 en contra.

En ese sentido, y a pesar de la derrota en los estrados, la fractura en las relaciones entre los dos países está lejos de terminar, pues, más que jurídico, el reclamo por una salida al mar es un asunto histórico y de orgullo patrio, nacido con la guerra del Pacífico (1879-1883) que enfrentó a Chile con Perú y Bolivia, y terminó dejando a este último país sin 400 kilómetros de costa y sin 120.000 kilómetros cuadrados de territorio.

Bolivia argumenta que el haberse quedado sin mar ha constituido un obstáculo insalvable para su desarrollo económico y comercial, y la reivindicación ha sido un caballito de batalla de varios gobiernos, algo a lo que Evo lastimosamente no escapó.
Desde entonces, este diferendo ha sido un lastre para las relaciones diplomáticas entre ambos países, tanto que desde 1978 están solo a nivel consular.

Más allá de que siga o no su reclamación, que por lo anunciado se mantendrá, qué bueno sería que Bolivia, que es el país más pobre de la región, rompiera el paradigma y se dedicara a estrechar los lazos con Chile, sacar provecho de su potencia económica y de su cooperación y trabajar sin prevención en la normalización de las relaciones diplomáticas. Esto quizás no haga ganar elecciones locales, pero sí serviría para mejorar el nivel de vida de su población, que es lo más importante.

Alborotar nacionalismos y posturas agresivas no ayuda; de ahí que los obispos de los dos países hayan pedido “acatar el fallo con paz y sensatez”. Chile parece haberlo entendido, y en su mensaje el presidente Piñera ofrece diálogo a Bolivia e insta a no tener “celebraciones soberbias” ni “pequeñeces”. Ese es un buen primer paso.

editorial@eltiempo.com

Evo Morales

El presidente de Bolivia, Evo Morales, saluda a uno de los jueces de la Corte Internacional de Justicia.

Foto:

Reuters

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