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La voz del Nobel

La voz del Nobel

Premio a los periodistas Maria Ressa y Dmitry Muratov es un reconocimiento a la valentía del oficio.

Todos los octubres el Comité del Nobel propone una serie de conversaciones urgentes a partir de los premios que entrega desde hace 120 años, pero este 2021, segundo año de la pandemia del covid-19, los nombres que han sido reconocidos por la institución sí que han señalado los asuntos que la humanidad está en mora por resolver: gracias a los galardones de la semana volvió a hablarse de la sensibilidad de los cuerpos, del cambio climático, de cómo la química puede adaptarse a la ecología, del necesario desmonte del colonialismo y de la libertad de expresión en días de posverdades.

De lunes a miércoles se reconoció a los estadounidenses David Julius y Ardem Patapoutian con el Nobel de Medicina “por sus descubrimientos de receptores para la temperatura y el tacto”; al japonés Syukuro Manabe, al alemán Klaus Hasselmann y al italiano Giorsio Parisi con el de Física “por sus revolucionarias contribuciones a la comprensión de sistemas físicos complejos”, y al alemán Benjamin List y al inglés David MacMillan con el de Química por “una nueva e ingeniosa herramienta para la construcción de moléculas”. Contribuciones valiosas, sin duda, cada una.

El jueves, como si aún no quedara claro la invitación a una especie más dada a cuidar la Tierra que a colonizarla, el Comité sorprendió concediéndole el Nobel de Literatura al novelista tanzano Abdulrazak Gurnah –el autor de Zanzíbar, de 73 años, exiliado en Inglaterra desde hace 18– por su “emancipada y compasiva investigación de los efectos del colonialismo y del destino de los refugiados en la zanja entre las culturas y los continentes”.

Los cinco Nobel son un llamado contundente a no bajar la guardia ante el despotismo que ha horadado el medioambiente y la democracia.

Y ayer se dio la noticia de que el gran premio entre los premios, el Nobel de la Paz, se les entregaba a los periodistas Maria Ressa y Dmitry Muratov por su “valiente lucha por la libertad de expresión” en dos países –Filipinas y Rusia– en los que no es nada fácil informar ni decir lo que se piensa: “Este premio es para todos los compañeros que han muerto por la profesión, yo no lo merezco –declaró Muratov–, creo que han querido dárselo a Anna Politkovskaya a través de mí”.

Desde 1901, cuando empezaron a entregarse estos premios a las grandes contribuciones a la humanidad para cumplirle la última voluntad al industrial sueco Alfred Nobel, jamás se había reconocido la labor ardua, diaria, valiente del periodismo: la medalla a Ressa y a Muratov, a ella por investigar la guerra contra las drogas en su país y a él por encabezar la redacción del principal periódico independiente ruso, Novaya Gazeta, es un espaldarazo a la poco agradecida tarea de fiscalizar a los poderes que traicionan los postulados de la democracia. Es una reivindicación a la libertad de expresión.

En sus declaraciones de ayer, aún conmocionada por la noticia del premio, la valiente Ressa insistió en que este es el mejor momento para ser periodista porque “veo con mis propios ojos a diario la erosión de nuestras libertades”: es claro que los cinco premios Nobel de 2021 son un llamado contundente a no bajar la guardia ante el despotismo que ha horadado tanto el medioambiente como la democracia.

EDITORIAL 
editorial@eltiempo.com

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