La ONU y los líderes

La ONU y los líderes

El diagnóstico de Michael Forst es real, pero reconoce la disposición para buscar soluciones.

Por: EDITORIAL 
04 de diciembre 2018 , 07:25 p.m.

Es comprensible, a la luz de los hechos y las cifras, la desazón expresada por el relator especial de las Naciones Unidas Michael Forst sobre la situación de los defensores de derechos humanos, tras su visita de 14 días a Colombia. La calificó de “dramática”.

En este tiempo, Forst pudo reunirse con distintas personas y organizaciones de todo el país para constatar, de primera mano, la gravedad del problema. Son más de 200 líderes asesinados en los dos últimos años, además de cientos de casos de amenazas. Sus declaraciones dan cuenta de patrones y tendencias que, por más que ya sean conocidos, no dejan de ser muy alarmantes. Nos referimos a los múltiples episodios de territorios en los que valerosos civiles que gozan del reconocimiento y el aprecio de la comunidad terminan asumiendo roles que deberían ser del Estado, y por tal motivo acaban en la mira del crimen organizado, que siempre ve en el tejido social un obstáculo.

Forst se refirió en particular a la dura paradoja que encarna el hecho de que en el país hayan disminuido las cifras de homicidios, mientras que se dispararon las de asesinatos de líderes. Citemos aquí los lamentables crímenes de los indígenas awás, el fin de semana pasado. También aludió a declaraciones de funcionarios que pueden aumentar el riesgo de quienes por su labor social ya se encuentran en una muy compleja situación.

El alto funcionario de la ONU no exagera. Que no quede duda. Sus palabras y la emoción que estas transmiten tienen pleno sustento en una realidad que pide a gritos acciones concretas para proteger a estos ciudadanos.

Ahora bien, así como hay que dar cuenta del crudo diagnóstico, también se debe hacer alusión a la manera como Forst reconoció cómo el actual gobierno está afrontando el desafío, comenzando por haber facilitado su visita. Desde el 2009 no se registraba una visita de este tipo con el fin de evaluar el panorama que en esta materia muestra el país.

Con suficiente claridad, el relator se refirió y reconoció la disposición del Ejecutivo para exponer la realidad de las cosas y escuchar recomendaciones que permitan avanzar en la senda de una protección real y efectiva de los líderes. En medio de todo, esto es un hecho positivo.

La obligación de dar con los culpables de los crímenes ocurridos también fue motivo de preocupación del funcionario, quien sugirió la existencia de elementos comunes –una sistematicidad– entre los asesinatos. Lo cual sigue siendo motivo de controversia en el país. Para tratar esta cuestión, Forst se reunió con el Fiscal General de la Nación, quien, frente a su comprensible preocupación de que estos asesinatos no queden en la impunidad, le informó que el porcentaje de asesinatos de líderes esclarecidos es del 50 por ciento.

La vulnerabilidad de los líderes y la obligación de protegerlos son una prioridad nacional. Cada vez más, y esta visita lo confirma. Es también asunto que concita la atención de la comunidad internacional. Es la oportunidad, entonces, de que los esfuerzos del país tengan el respaldo de otros Estados para que muy pronto, el diagnóstico del problema sea esperanzador.

editorial@eltiempo.com

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