La confesión de Lyons

La confesión de Lyons

De su declaración queda la amargura de saber que unos políticos se quedaron con el dinero de todos.

11 de enero 2018 , 12:00 a.m.

Se ha hablado mucho en los últimos meses de la corrupción a alto nivel, cuando se han conocido los testimonios vergonzosos de los llamados pícaros de cuello blanco. Y, a pesar de todo lo descubierto hasta ahora, hubo desazón luego de la entrevista que el exgobernador de Córdoba Alejandro Lyons Muskus concedió a La W Radio la mañana del martes pasado.

El país podría haberse curado de espantos cuando el exfiscal anticorrupción Luis Gustavo Moreno confesó en carta pública que había vendido su alma al demonio de turno. O cuando los exmagistrados de la Corte Suprema de Justicia Francisco Ricaurte y Leonidas Bustos se convirtieron, por las peores razones, en personajes de las páginas judiciales. Pero la opinión se debatió entre la incredulidad y el estupor mientras Lyons –quien se ha comprometido a colaborar con la Fiscalía– contaba, o ratificaba, en los micrófonos de La W, desde Estados Unidos, los pormenores del entramado para saquear su departamento.

Mucho le queda todavía al exgobernador Lyons entre pecho y espalda, pero a través de la emisora habló de los dineros venidos de coimas que él mismo entregó al actual gobernador de Córdoba, de cómo llegaban los sobornos a la Corte Suprema de Justicia, de cómo funcionaban infamias del tamaño del ‘cartel de la hemofilia’ y el ‘cartel de las regalías’, de las jugadas durante la campaña presidencial de 2014, de los bienes y los dineros de los que se apropió cuando estaba en el poder.

Queda la esperanza de que este destape sirva no solo para que haya justicia, sino para tapar las venas rotas y para detener el mal.

El exgobernador Lyons, de apenas 36 años, pidió excusas a los colombianos al aire: “No duermo bien. Estoy muy arrepentido por lo que he hecho. Quise quitarme ese peso de encima. Pido excusas públicas al país en general, a mi familia, a mis amigos, al pueblo de Córdoba, a mis profesores. Me siento muy avergonzado. Deseo contribuir con el país para poder desmantelar estas organizaciones delincuenciales”, dijo tras contar que su intención es pagar su pena en Colombia. Solo en su conciencia estará el real arrepentimiento, pero está bien que colabore, y la justicia debe estar pendiente de que lo haga de manera efectiva.

De su intervención queda, desde luego, el sabor amargo que deja el saber a las claras cómo hemos sido engañados, que unos pocos políticos se han quedado con el dinero de todos. Da rabia enterarse de que se han perdido en esa rapiña deshonesta tantos recursos públicos que habrían podido ser direccionados a las necesidades básicas de la población, a la salud, a la educación.

Queda además, después de oír al señor Lyons, el interrogante de cómo personas jóvenes con un horizonte promisorio, u otras ya en la cúspide de sus carreras, deciden un buen día cambiar la dignidad por el dinero. Pero también, la esperanza de que este destape sirva no solo para que haya justicia, para que se recuperen los dineros, sino para tapar las venas rotas, para detener el mal y buscar, por todos los medios, que no se repita el desangre.

La clave la tiene la justicia, aunque así mismo la ciudadanía, más cuando se vienen elecciones en las que la responsabilidad de elegir es vital. No se puede poner una y otra vez a los ratones a cuidar el queso. Menos aún cuando ha sido probado que los mismos gatos se corrompen.

editorial@eltiempo.com

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