Intrigas en el Vaticano

Intrigas en el Vaticano

Es a la Iglesia a la que le toca reconocer que sus miembros no están por encima de la justicia.

Por: EDITORIAL
30 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

Sigue, como la trama de un best seller, el cruce de acusaciones por los escándalos de pederastia en la Iglesia católica. Después de que el papa Francisco lanzara su valiente mea culpa en el nombre de la institución, en una visita a la Irlanda asolada por los abusos de menores perpetrados por los sacerdotes, el arzobispo ultraconservador Carlo María Viganò pidió la renuncia del sumo pontífice por –según asegura– no ser el líder religioso empeñado en librar a su institución del horror, sino el líder político señalado por haber encubierto las violaciones cometidas por un cardenal estadounidense.

Viganò –el controversial exembajador del Vaticano en Washington– publicó una carta de 11 páginas atípica entre los jerarcas de una Iglesia que durante décadas ha recurrido al silencio a la hora de encarar los desmanes de ciertos curas, pero propia, sin lugar a dudas, de un hombre enardecido: “En este momento extremadamente dramático, la Iglesia universal debe reconocer sus errores –escribió– y, de acuerdo con el principio proclamado de tolerancia cero, el papa Francisco debe ser el primero en dar un buen ejemplo a los cardenales y obispos que encubrieron los abusos, y debe renunciar junto con todos ellos”.

Un oscuro revés en el empeño del Papa actual de reconocer los horrores cometidos por tantos sacerdotes y de conjurar una crisis que no ha parado desde que comenzó.

El resultado, aun cuando Francisco haya preferido referirse al tema en un escueto comunicado, es una sórdida intriga vaticana digna de los libros de Jean Plaidy y Morris West, un conato de golpe de Estado desde los lugares más retardatarios de la Iglesia. Un oscuro revés en el empeño del Papa actual de reconocer los horrores cometidos por tantos sacerdotes y de conjurar una crisis que no ha parado desde que comenzó, pero que en las últimas semanas ha recorrido el mundo del catolicismo como un incendio.

Y un recordatorio de que es a la Iglesia católica entera, como estructura, como Estado, como historia de siglos y siglos, a la que le toca reconocerle al mundo –y es eso lo que ha venido haciendo el Papa– que ninguno de sus miembros está por encima de la justicia de los hombres.

editorial@eltiempo.com

Papa Francisco

El Papa Francisco durante su visita a Irlanda.

Foto:

EFE

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